Nuestro apoyo al CNI y al CIG es total y sin condición alguna. Nuestro apoyo al CNI y al CIG es total y sin condición alguna.Nuestro apoyo al CNI y al CIG es total y sin condición alguna.

Log in
UNIOS

UNIOS

Apuntes para la discusión Sobre la guerra y la economía política

 

 

Apuntes para la discusión
Sobre la guerra y la economía política
Rosa Albina Garavito Elías*

Antes que nada quiero felicitar la aparición de la editorial Pensamiento Crítico. Mejor nombre no podía tener. Para que el pensamiento lo sea, como búsqueda de la verdad, ha de ser crítico. El pensamiento crítico no cosifica la realidad, la ilumina y la transforma. ¿Cómo? poniendo el concepto delante de la cosa. Si el concepto no logra explicar la realidad, entonces peor para el concepto. No peor para la realidad, como, entre otras,  dicta la economía neoclásica en boga.

Así pues, me tomé en serio el nombre de esta nueva editorial, puse algunos conceptos de frente al fenómeno que tratan de explicar, esto es el capitalismo actual, y me parece que hay que rediscutirlos a la luz de esa realidad. No del concepto mismo, pues no se trata de hacer ideología, sino teoría, como es la propuesta de estas reflexiones, hechas por Marcos entre 1997 y 2011, compiladas y prologadas de manera sistemática por Sergio. Bienvenida sea la editorial, y bienvenida sea la invitación a discutir lo que en este libro se ofrece. Sobre todo en este desierto de ideas y de discusión teórica en que se convirtió la izquierda mexicana desde hace muchos años.

Primer apunte para la discusión
Sobre la “Tercera Guerra Mundial”

“La llamada Guerra Fría fue en realidad la Tercera Guerra Mundial, y esta se libró entre el capitalismo y el socialismo, liderados por los Estados Unidos y por la URSS.” Sobre esta tesis de Marcos digo lo siguiente: no se puede avanzar en la construcción de un mundo donde quepan todos los mundos, con tesis que estuvieron en la base del dominio stalinista sobre la organización y las luchas de los trabajadores en el siglo XX, antes de la caída del Muro de Berlín. No se puede hacer caminar al mundo por la ruta de la autonomía, de la libertad, de la dignidad y de la justicia, mientras se siga sosteniendo que la URSS fue  la alternativa socialista en el mundo capitalista de entonces. ¿Socialista la URSS? ¡Al contrario! La URSS cumplía, como decía Engels, con el sueño de todo capitalista: ser el único. En la URSS lo hubo y fue el Estado. No había propiedad privada de los medios de producción, porque la propiedad era estatal, pero no social, no comunal, como la tierra y los medios de producción en los territorios zapatistas. El Estado era el propietario de los medios de producción para seguir explotando a los trabajadores. ¿Y acaso la relación social del único propietario del  capital, el Estado, con los trabajadores no era la relación asalariada?, ¿no era la  relación capital trabajo? Sí y además sin libertad política. Explotación y opresión. ¿Era esa la opción al mundo capitalista? ¿Continúa  siendo? ¿También los gulags? ¿La persecución contra todo disidente? ¿Siberia? ¿O acaso son inventos? Mientras se continúe con la quimera de que aquello fue socialismo; más tardaremos en desarrollar la teoría que nos arme de claridad y entendimiento para luchar contra el capitalismo salvaje de hoy. Más vale hacernos cargo de la brutal realidad de que el socialismo aún no se conoce sobre la faz de la tierra. Sí esfuerzos fallidos por lograrlo. Y otros esfuerzos prometedores como la experiencia zapatista en sus territorios liberados.

En esa llamada Guerra Fría, lo que sí hubo fue una despiadada guerra política contra las clases trabajadoras del mundo para aplastar cualquier afán de emancipación. Para empezar, contra los trabajadores de EUA con la férrea persecución del macartismo. En México con el control corporativo y con la abierta represión;  y los del resto del mundo con sus distintas modalidades. Los del resto del mundo incluyendo la URSS cuyo gobierno vendía la patraña de que ese bloque era ya el socialismo. Excelente coartada para reprimir cualquier iniciativa de organización libre de los trabajadores. Muy semejante por cierto al caso de México. Quizá porque la mexicana y la rusa fueron las revoluciones sociales de vanguardia en el siglo XX. Mientras la tradición bolchevique rusa fue ahogada en el stalinismo, la obrera y popular en México lo fue con el régimen de partido de Estado. Sobre cómo disolver ese régimen mucho hemos aprendido del zapatismo, del de inicios de siglo y del que se hizo presente en 1994.  Y siguiendo con el paradigma ruso y mexicano en la llamada Guerra Fría: ausencia de libertad política y social pero mejoras económicas significativas para el proletariado. El Estado de Bienestar desarrollado de acuerdo a las condiciones históricas de cada país.

Segundo apunte para la discusión
Sobre la Cuarta Guerra Mundial

 La tasa de ganancia se derrumbó a nivel mundial a finales de la década de los setenta y el mal llamado neoliberalismo fue la violenta receta para su recuperación. Y a la basura, en distintas velocidades, fueron a dar el salario, la seguridad social, la estabilidad laboral, los derechos de huelga, de contratación, de organización. En México rapídisimo, gracias al control corporativo y fascistoide del Estado mexicano sobre las organizaciones sociales. De lo que hoy se sorprenden los trabajadores europeos, en México lo vivimos desde los ochenta. Y en esas estamos. Sufriendo las consecuencias de una larga derrota obrera a nivel mundial. Tanto que ahora se enmascara como relación mercantil la relación laboral. Los zapatistas se pusieron máscaras para que los vieran; a los asalariados modernos los enmascaran para intentar desconocer la relación capital trabajo.

¿Es esta una guerra?  Sin duda. Una violenta guerra económica. ¿Están en el centro de la misma, además del desmantelamiento de las conquistas obreras del siglo XX, la expansión capitalista hacia nuevos territorios? Sin duda. Es el proceso de acumulación originaria que se renueva, pero que no es privativo de esta época, sino parte incesante de la rueda histórica de la acumulación capitalista a nivel mundial. Los pueblos indígenas en Chiapas saben de lo que se habla con esa lucha por el territorio. Y quienes no vivimos ahí, sabemos el valor de la resistencia a la entrada del capital en esos preciosos y ubérrimos depósitos de recursos naturales.

Vivimos en la Globalización, ciertamente bajo la hegemonía del capital financiero, que desde 2008 tiene sumido al capitalismo en una larga crisis mundial. Lo que no entiendo es, ¿qué agrega llamarla Cuarta Guerra Mundial? Porque además, en distintas modalidades el capitalismo se ha expandido a sangre y fuego a lo largo y ancho del planeta y desde sus primerísimas  etapas. La guerra va de la mano de la expansión del capital. La guerra militar y la guerra económica. Sólo habrá paz cuando hayamos disuelto al capital como relación social. ¿Falta mucho para verlo? ¡Sin duda! Pero más largo será el camino si llenamos nuestras bolsas de resistencia de conceptos poco útiles para develar la verdad.  Porque como dice Marcos: el problema es que la realidad no sabe de teoría. ¡Así que menuda tarea tenemos enfrente!

¿La destrucción del territorio y el despoblamiento como característica de la Cuarta Guerra Mundial? ¿Sólo en este período? Y ¿de qué ha estado hecha la expansión del capital desde sus orígenes? El proceso de acumulación originaria es un proceso permanente, con tal voracidad que sin resistencias como la del EZLN, no encontrará fin hasta que el capitalismo termine por desaparecer al planeta mismo.

¿La Guerra un nuevo factor que sobredetermina al resto en la expansión del capital? La guerra como negocio es más vieja que el capital mismo. Y en esta etapa sólo se la podrá dejar atrás disolviendo las relaciones sociales de producción capitalista; así como lo hace el EZLN en sus territorios autónomos. Por eso la autonomía desde las comunidades indígenas es mortalmente subversiva para el capital: le pone un dique a esa expansión. Y para colmo del capital, en territorios codiciados por su riqueza natural. Por eso son tan importantes los puentes que el  EZLN sigue lanzando a la sociedad mexicana y al mundo. En el aislamiento esa resistencia sería tan  vulnerable como amenazados son sus territorios, su mano de obra. La osadía de los gobiernos autónomos se levanta contra todas las dimensiones del poder para el Estado capitalista. Y para el capital una grieta muy costosa, una osadía insoportable.  Una sangría para el poder, y para el dinero (que con los ojos del dinero se ven sus ricas selvas, agua, tierra, bosques, minerales). Pero insisto, nada de nuevo tiene  la guerra como método de expansión del capital y su dominio.

Tercer apunte para la discusión
¿Oposición entre mundos o contradicción entre clases?

Marcos usa indistintamente los términos lucha anticapitalista y lucha antisistémica.  El primero es marxista, el segundo es Wallersteianiano. El primero pone el acento en la contradicción capital trabajo, el segundo en la oposición centro periferia que en este autor se convirtió en el sistema mundo comandado por el capital financiero. Pero en cualquier caso, en el centro periferia o en el sistema mundo, son precisamente los distintos mundos los que se oponen y no las clases. En  esta forma de entender la realidad, se persigue la unificación del mundo mediante la reivindicación de los estados nación; mientras en el primero se persigue la superación de la contradicción entre las clases mediante la disolución de la relación capital-trabajo asalariado. En el sistema mundo los asalariados van de la mano de las burguesías nacionales para reconstruir al Estado nación; en la lucha anticapitalista los trabajadores se alían entre sí, trascienden fronteras para organizarse contra el capital que se ha convertido en omnipresente y que ha construido la fábrica mundial, sea de mercancías tangibles o de intangibles como los servicios. Es esa la posibilidad revolucionaria que abre la nueva etapa del capitalismo, el mal llamado neoliberalismo o la tal globalización.

Además, como dice Marcos el neoliberalismo ha reconfigurado el mundo del trabajo: caída del salario real y derrumbe de las conquistas sociales del Siglo XX,  precarización del empleo, aumento de la migración; y esto vale para todos los países. En distintos grados para los distintos países según sus desarrollos históricos y sus niveles de lucha  de clases,  pero el capital para recuperar su tasa de ganancia está arrasando desde fines de la década de los setenta del siglo XX con el fondo de consumo obrero del mundo. Y esto vale para el primero, para el segundo, para el tercero, y para cuantos mundos queramos clasificar. Una vez que se cae en el juego de la lucha entre mundos, se olvida que en la base está la lucha de clases. Para una lucha anticaptialista como la del EZLN  es vital no olvidarlo.

Cuarto apunte para la discusión
Que más bien es asombro, o de cuando la praxis le gana a la teoría

Pero no son sólo estas conceptualizaciones con lo que estoy en franco desacuerdo con este libro, estoy además en abierto lamento porque no encuentro en estos textos la teorización de lo más preciado que tienen entre las manos las comunidades zapatistas: la autonomía como forma de superación de la relación capitalista en su territorios, que vale por cierto para cualquier territorio. ¿O acaso piensan que la autonomía es ajena a la economía política? Permítanme asegurarles que lo que hacen los zapatistas en sus comunidades es economía política pura, o de manera más precisa es la crítica a la economía política desde la praxis.  No hay que creerles a los tales especialistas que pregonan que por un lado está la economía, por otro la sociedad y por otro la política; ellas constituyen una totalidad, y uno de los aportes de Marx, es precisamente hacer de la crítica de la economía política una crítica transformadora de la economía, de la política, y de la sociedad.

Y digo que la praxis de las comunidades zapatistas desde la reivindicación de la autonomía es potencialmente universal. Sí, también para ese mundo globalizado de la hegemonía del capital financiero. Por una cuestión muy sencilla: porque su organización desde la propiedad comunal ofrece la superación de la contradicción capitalista expresada ahora como la mundialización de las crisis financieras. Y ofrece la solución y la superación, porque desaparece la ganancia; porque en la vida cotidiana las comunidades  zapatistas ilustran con claridad  que el pobre capitalismo que se piensa eterno no es más que un ave de paso en la historia de la humanidad.

Vale para cualquier territorio porque la autonomía es una forma de organización que pega en el corazón del capital (que es la ganancia) y en el corazón del estado capitalista (que es el poder). Autonomía para organizar sus procesos de producción en torno a la propiedad comunal, autonomía para organizar a la sociedad y construir su Estado desde la libertad que esta autonomía otorga. La mejor ilustración del tesoro anticapitalista que tienen entre las manos son las juntas de buen gobierno son sus territorios liberados del yugo del capital, es la aplicación de su Ley Agraria Revolucionaria, y es el asidero a su cultura.

Pienso que no necesitan voltear a la aburrida academia, ni adoptar las grandes, medianas o pequeñas teorías para explicar y transformar su realidad que es la realidad del mundo entero: cómo superar las relaciones sociales capitalistas de producción, en la praxis  y ahora; no desde la teoría y para algún futuro lejano.  Es eso lo que están haciendo. No son agredidos por leer a Marx, a Wallerstein o a cualquier otro. No son perseguidos por ponerse al tú por tú con la  aburrida academia. ¡Por supuesto que no! Lo son porque, ya de inicio le han quitado un gran pedazo al territorio del capital; lo son porque osaron rebelarse contra la generalización mundial de las relaciones de explotación; lo son porque se autoorganizaron, porque resistieron, porque siguen resistiendo.

Más bien harían a la humanidad del enorme bien que ya han hecho, si ahora teorizaran a partir de su realidad. De cómo gracias a su tradición comunitaria han resistido los embates del capital; de cómo la autonomía de su organización en torno a la propiedad comunal les ha permitido pasar del reino de la necesidad extrema al reino de la modesta abundancia en términos de alimentación, salud, vivienda, educación; de cómo de la violencia caciquil han pasado a la convivencia pacífica, y además sin crimen organizado en sus territorios; de cómo de la exclusión machista han pasado a la inclusión de géneros; de cómo de la destrucción de la naturaleza han pasado a su conservación y reproducción.

Las comunidades zapatistas  están construyendo un nuevo mundo, ya hicieron parir los conceptos de ese nuevo mundo desde que transformaron su realidad; tienen los nuevos conceptos entre sus manos, en sus cabezas, en su hacer cotidiano. Basta que nombren las nuevas cosas del nuevo mundo que están creando para construir la teoría de la autonomía, de la dignidad, de la justicia, de la libertad. No se preocupen por andar reconstruyendo viejos estados nación, ni viejos mercados nacionales, ni viejas soberanías. Las comunidades zapatistas son la semilla del nuevo Estado, del nuevo mercado nacional y mundial, del nuevo mundo del trabajo, que es nuevo porque no es asalariado. Están construyendo, en la praxis, la economía política de un mundo nuevo y mejor. Son los trabajos de Hércules contra la Hidra Capitalista.

* Texto leído durante la presentación del libro Escritos sobre la guerra y la economía política, del Subcomandante Insurgente Marcos, el 20 de mayo de 2017, en el local de ¡UníoS! en la Ciudad de México.

Una necesaria reorganización del pensamiento emancipatorio.

Una necesaria reorganización del pensamiento emancipatorio.
Sergio Rodríguez Lascano

El concepto de estrategia fue clave para la elaboración teórica de los revolucionarios de finales del siglo XIX y principios del siglo XX y de alguna manera ha sido heredado hacia los que se reclaman de la izquierda revolucionaria en la actualidad.
El anunciado y anhelado regreso de la política como preeminencia de lo social ubicaba de alguna manera la vuelta de los debates estratégicos, en la que la vaguedad de los conceptos (lo Otro, lo alternativo, lo alter, los movimientos por consenso, lo diferente, etc.) sería sustituida por la precisión de una serie de ideas fuerza de estrategia revolucionaria. Bueno, por lo menos creo que ese fue el último combate de Daniel Bensaid, con resultados no muy buenos.
Claro de una manera un poco exagerada él responsabilizaba de la pérdida de horizonte estratégico a una serie de filósofos, como Deleuze, Foucault, Guattari, etc. Creo yo que se equivocaba. Los filósofos no han hecho otra cosa que interpretar al mundo (mal creo yo). El problema no estaba ahí sino en quienes querían responder a la otra parte de la onceava tesis sobre Feuerbach de Carlos Marx: los que buscaban y querían transformarlo.
Esos filósofos nunca fueron, y creo que no lo serán, seguidos por grandes sectores sociales, posiblemente en la academia sí, pero no en el movimiento. En cambios los de abajo sí vieron pasar frente a sus ojos los procesos de conversión hacia la derecha de las grandes organizaciones proletarias, en especial los partidos, sean los llamados reformistas o revolucionarios.
Los revolucionarios de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en especial Lenin, elaboraron una concepción estratégica que estaba basada en los cambios que se estaban produciendo en la conformación del capitalismo. Esta formación social había sufrido una revolución en sus relaciones de producción que habían permitido cinco procesos claves: la dinámica de centralización del capital que permitió el desarrollo de los monopolios, la concentración de las cadenas productivas permitiendo la creación de las ciudades fábricas, el reparto del mundo precapitalista por medio de la dominación directa (simplemente hay que revisar un mapa de lo que era el mundo hacia finales del siglo XIX), la importancia del Estado-Nación por parte de los países dominadores como herramienta para abrir brecha para que el capital avanzara en su conquista y reparto del mundo, el surgimiento del capital financiero (entendido como fusión del capital industrial con el capital bancario). Es decir el surgimiento del imperialismo como una nueva fase del capitalismo (la superior dijo Lenin).
Frente a esta nueva fase del capitalismo esos revolucionarios elaboraron una teoría de la conciencia y de la organización (no es el objetivo del artículo elaborar un juicio de valor sobre la misma, simplemente buscamos establecer un lazo que vincule esa teoría con una forma de buscar aprehender la realidad).
Entonces no hay que buscar la orfandad estratégica de la izquierda en unos cuantos filósofos. Mejor será buscar explicar las modificaciones que se vivieron en las formas y mecanismos de la acumulación capitalista, en su reproducción ampliada, en la destrucción de las ciudades industriales, en la nueva conformación de la clase obrera, no sólo en su ubicación geográfica (hoy la mayor parte, pero con mucho, se encuentra en lo que en la prehistoria –es decir el siglo XX- se conoció como tercer mundo) sino en la forma en que fue fragmentada su organización, su cultura, su vida comunitaria; con la aparición del trabajo precario o del outsourcing, o de los contratos de protección (eso creo que no lo conocen en Europa, pero no tengo duda ya lo conocerán: antes de que haya trabajadores, instalaciones, sindicato, el contrato se establece con un bufete de abogados, el cual tiene la representación sindical sin que lo sepan los trabajadores), en la destrucción de los Estados Naciones, que en el caso de Europa, en el siglo XX, habían asumida la forma del llamado Estado Benefactor y, sobre todo, con un nuevo tipo de capital financiero que ya no es simplemente la suma del capital industrial con el capital bancario sino que ahora también son socios los que cuentan con un ejército de ingenieros financieros que llevan a cabo robos abiertos al conjunto de la población, el capital producto del crimen organizado, la utilización de todo, incluida la ecología para robar, un ejemplo son los bonos de carbón, los cuales tienen un valor absolutamente diferente en Chicago que en Europa, o con el desarrollo de un circulo en expansión de las deudas que permiten que en 2016 la deuda mundial representaba el 286 por ciento del Producto Interno Bruto Mundial.
Frente a estas modificaciones la izquierda en casi todo el mundo llegó a la conclusión que tenía que cambiar su horizonte estratégico: la izquierda reformista se volvió completamente neoliberal (social-liberal) y la revolucionaria, la mayoría, se convirtió en keynesiana en teoría, pero conforme se aproxima al poder se parece cada vez más a la social-liberal. El ejemplo de Syriza no tiene desperdicio, lo mismo que de los gobiernos progresistas de América Latina.
Creo que lo que marca el cambio esencial, para poner un ejemplo, en el campo de la izquierda es la transformación-desaparición del Partido Comunista Italiano (algo un poco más importante en el terreno social que los filósofos antes mencionados). Pier Paolo Pasolini utilizó una expresión que reflejaba con exactitud lo que era Italia, el decía que el PCI “era un país dentro de un país”. Ese partido contaba con una maestría gigantesca para administrar al “país de abajo”, tanto para evitar que fuera aplastado por los de arriba como para contenerlo en su confrontación con el capital.
No deja de ser un poco patético que lo que hoy existe en Italia sea es el del Movimiento de las 5 Estrellas, del comediante Beppe Grillo. El cual no sólo ha casi eliminado a la vieja extrema izquierda italiana sino que le disputa la condición de ser el partido más votado al partido del gobierno (el Partido Democrático, conformado en su mayoría por el ex PCI). Este movimiento acaba de ganar la Ciudad de Roma y la de Turín, el viejo centro industrial de Italia. En ningún momento se pronuncia en contra del sistema capitalista, en cambio centra todas sus baterías en el sistema de partidos, en particular en la corrupción y su necesaria “purificación”, tiene una posición sobre Europa que él define como escéptica. Beppe Grillo es un cómico y bloguero (el más exitoso de la lengua italiana) que dedica todo su esfuerzo a realizar discursos moralistas y a demonizar a todos los que no están de acuerdo con él.
Pero no es muy diferente de lo que sucede en el caso del Estado Español. Cuando el líder de Podemos señala: “Nosotros aprendimos en Madrid y Valencia que las cosas se cambian desde las instituciones, esa idiotez que decíamos cuando éramos de extrema izquierda de que las cosas se cambian en la calle y no en las instituciones es mentira” (Pablo Iglesias, 18 de julio de 2016). Quizá sin saberlo repetía una frase Luis Inacio da Silva, Lula, casi inmediatamente después de que ganó por primera vez la elección a la presidencia en Brasil, cuando declaró: "Las cosas van cambiando según la cantidad de canas y de responsabilidad que tiene uno (...). Una persona muy anciana que es de izquierda tiene problemas, así como un joven que es de derechas tiene problemas". O sea todo se reduce a un problema de edad. Un poeta mexicano, desgraciadamente ya muerto, dijo una frase que pinta de cuerpo entero a los que piensan así: “Hoy somos lo que tanto odiamos”.
Una cuestión similar sucede en Francia con Jean-Luc Mélenchon, del Frente de Izquierda, cuando dice: “Una Europa de la violencia social, como la vemos en cada país cada vez que llega un trabajador migrante, que roba su pan a los trabajadores del país en cuestión” (Intervención de este eurodiputado y candidato presidencial en el Parlamento Europeo el 5 de julio de 2016, reproducido en Le Monde el 13 de julio, bajo el título “Qué mosca le picó”, en el que se agrega lo siguiente: “Esta retórica cercana a la de la extrema derecha, que opone a los trabajadores a otros trabajadores, los primeros vienen del exterior a “robar el pan” a los segundos es sorprendente en la boca del diputado europeo que siempre se ha declarado “internacionalista y humanista”.
Pero alguien podría decir que estas son simples declaraciones pero el asunto es de mucho mayor fondo. Tratemos de explicarnos.
A principios del siglo XXI, el debate del poder se inició y creo que estuvo mal ubicado. Las posiciones se polarizaron sin atenerse a la nueva realidad del capitalismo.
La vieja concepción de la izquierda revolucionaria no se resumía en la idea de tomar el poder para transformar el mundo. Había un paso previo que, de hecho, fue el punto que dividió las aguas entre ella y lo que se conoció como la izquierda reformista. Para la primera un paso paralelo a la toma del poder era la destrucción del poder burgués existente, en especial de su estructura militar e institucional, es decir, del aparato del Estado burgués. La segunda soñaba con un cambio sin ruptura como producto de un crecimiento electoral, las barricadas debían de ser sustituidas por las urnas.
No entraré al fondo de este debate. Sólo quería destacar que ambas tenían una concepción vanguardista y querían o decían querer construir una sociedad socialista. Entendían que el poder era una relación social y que era indispensable expropiar el poder político a la burguesía, destruir el viejo aparato de estado, decían unos. Permitir su transformación decían otros. No simplemente llegar al gobierno u ocupar la administración pública, aunque la izquierda reformista se fue adaptando cada vez más a la idea de administrar el poder.
Hoy no es claro cuál es la disyuntiva de las izquierdas. A veces parece no haber ninguna. Los hechos muestran que quienes dicen que es indispensable tomar el poder para cambiar al mundo lo hacen como una coartada simplemente para controlar la administración pública.
Al final el problema que se plantea es el siguiente: ¿de qué poder hablan?
La confusión es extrema: “poder” es igual ¿A ganar una, dos, tres, elecciones? ¿A tomar el gobierno? O, peor ¿A ganar la administración pública? ¿A tener una fracción parlamentaria que refleje el 10 por ciento de los votos?
Algunos dirán que se trata de tomar el gobierno para desde ahí cambiar la correlación de fuerzas y posteriormente llevar a cabo una serie de cambios estructurales que den paso a la construcción de otro Estado y otra sociedad.
Pero la estrategia de una buena parte de la izquierda y sus teóricos no es tomar el poder para cambiar el país o el mundo, sino cambiar la administración sin tocar el verdadero poder.
Podríamos poner un sin número de ejemplos, desde las perspectivas estratégicas del llamado socialismo del siglo XXI, hasta la imposibilidad objetiva de derrotar al capital desde la administración o el gobierno.
Hace apenas un año, un intelectual de Syriza, partido de la izquierda griega en el gobierno, dijo: “Tomar el poder sin dejarse tomar por él”. Para luego agregar: “Creo que ahora hemos visto los límites de esa estrategia. Hemos visto que esas instituciones europeas no son receptivas ante el argumento político, democrático, que sostiene ‘somos un gobierno electo con un mandato que cumplir’, ustedes son nuestro banco central y lógicamente nosotros esperamos que hagan su trabajo y nos permitan llevar a cabo el proyecto por el que fuimos votados”.
Sí, parece que al nuevo capital financiero ni la soberanía de un país, ni las lecciones democráticas, ni los referéndums, ni un gobierno democrático de izquierda o de derecha le importan en lo más mínimo.
Lo mismo o algo más complicado se puede decir de la llegada a la administración pública del Movimiento al Socialismo en Bolivia, del Frente Amplio en Uruguay, de Rafael Correa en Ecuador (donde ni siquiera podemos hablar de un partido), de Hugo Chávez y Maduro en Venezuela, para no hablar del caso patético de Daniel Ortega en Nicaragua.
Ganar para mantener una economía extractiva y expropiar a las comunidades indígenas con discursos que recuerdan las peores épocas del caudillismo, pero expresados por un dirigente indígena, como constantemente ha pasado con Evo Morales.
O lo dicho por el viejo dirigente tupamaro, José Mujica, cuando señaló que la burguesía era como una vaca y que, como se sabe, lo peor que se puede hacer es matar a la vaca, de lo que se trata es de ordeñarla. La idea de que la burguesía es una vaca es un buen chiste bucólico digno de una novela pastoril. Primero sería interesante saber quién es la burguesía nacional en cada uno de los países de América Latina. Más en un país como Uruguay donde el sector fundamental de capital es el bancario, que arropa o, más bien arropaba, a buen número de fortunas de brasileños, argentinos, etc. La idea de que la burguesía es una vaca es terrible, cuando en la realidad esa vaca no ha dejado de ordeñar y muchas veces matar a sus supuestos ordeñadores.
Muchos años después del golpe militar sangriento de Pinochet, éste hecho se convirtió en un síndrome en el pensamiento de la izquierda. La idea es simple, no se puede gobernar con un programa de izquierda, confrontado contra los centros de poder económico internacionales y locales, de lo que se trata es de gobernar en los márgenes del neoliberalismo, es decir en las zonas todavía no declaradas como inválidas por los teóricos del pensamiento único, a saber: el terreno limitado, más aún limitadísimo, de algunos aspectos de la esfera de la distribución del ingreso. Los programas contra la pobreza no son mal vistos por el Fondo Monetario Internacional o por el Banco mundial, siempre y cuando se hagan en los márgenes del modelo y se mantengan intocadas las variables fundamentales del modelo de acumulación.
Por lo tanto, la izquierda que busca ganar las elecciones tiene que otorgar una serie de promesas al capital financiero internacional y a sus aliados nacionales. Si uno revisa las propuestas para gobernar desde la izquierda parecería que todos plantean como un elemento ya dado la existencia del capitalismo como tal y entonces no se pasa nunca de la esfera arriba señalada.
Y, junto con esto, está otro aspecto que yo considero central, se tiene la convicción de que lo único viable es gobernar de la misma manera que la derecha. Con las mismas instituciones, con la misma justicia, con los mismo medios de comunicación (o con peores), con las mismas fuerzas armadas, con la misma policía, con el mismo sistema educativo, con la misma estructura unipersonal (sea bajo el sistema presidencial o de primer ministro).
Nada que se genere abajo, por medio de nuevas estructuras de gobierno que partan de la auto-organización, la autogeneración de los sujetos y la autogestión productiva. Y, con el perdón de todos, si las herramientas con las que se piensa cambiar al mundo son las mismas que ha utilizado la burguesía para garantizar su dominación y todo se apuesta a que la diferencia se ubica en la bondad de tal o cual individuo de izquierda que gobernaría, entonces inevitablemente lo único que se lograría sería reproducir la idea de que la acción de gobernar y la política misma están reservado a un puñado de especialistas que ocupan el proscenio, y el hombre común a lo más que puede aspirar es a recibir “democráticamente” los mendrugos que caen de la mesa del poder económico (que es intocado) y a agradecer con la cabeza baja la bondad de gobernantes tan nobles.
Creo que eso no tiene nada que ver con los proyectos estratégicos que partían de la premisa de que la liberación de los trabajadores sería obra de los trabajadores mismos.
Y claro, creo que sería conveniente, en medio de los festejos de los 100 años del estallido de la revolución rusa, recapacitar sobre lo que fue el planteamiento estratégico de dicha revolución, de todo el poder a los sóviets y reflexionar sobre cuál fue el significado de cuando todo eso cambió a todo el poder al partido bolchevique. Claro, había una guerra, la revolución se quedó aislada, hubo una clase obrera partida y dominada en su mayoría por la socialdemocracia. Pero, ese paso del poder de los sóviets al poder del partido es algo que requiere de una preocupación profunda porque representa un salto epistemológico negativo en la teoría de la emancipación.
En las épocas de gloria de la izquierda revolucionaria se decía que de nada servía ganar el poder político si no se hacían incursiones despóticas contra el mercado capitalista y contra la ley del valor. Parece que ahora se trata de hacer incursiones despóticas a la administración pública, generar un sector burocrático corrupto hasta el tuétano, acusar a la extrema derecha del descontento social y tratar de perpetuarse en la administración.
La teoría del conflicto fue así sustituida por la teoría de la discrepancia. Una buena parte de la izquierda revolucionaria, sobre todo en América Latina pero no sólo, acabó formando parte de la clase política, adoptando sus códigos, ajustándose a sus tiempos y aceptando, como único espacio de confrontación, las urnas.
Todo lo hasta aquí descrito forma parte de una nueva guerra mundial, ésa que unifica la economía, la política y la guerra, la más terrible de todas: contra la vida (no simplemente contra una clase) y por la ganancia. No contra tal o cual país, sino contra todos los trabajadores del campo y la ciudad, pero también en contra de los sin trabajo, sin techo, sin papeles, sin...
“En la época moderna el Estado Nacional es un castillo de naipes frente al viento neoliberal. Las clases políticas locales juegan a que son soberanas en la decisión de la forma y altura de la construcción, pero el Poder económico hace tiempo que dejó de interesarse en ese juego y deja que los políticos locales y sus seguidores se diviertan… con una baraja que no les pertenece. Después de todo, la construcción que interesa es la de la nueva Torre de Babel, y mientras no falten materias primas para su construcción (es decir, territorios destruidos y repoblados con la muerte), los capataces y comisarios de las políticas nacionales pueden continuar con el espectáculo (por cierto el más caro del mundo y el de menor asistencia).

“En la nueva Torre, la arquitectura es la guerra al diferente, las piedras son nuestros huesos y la argamasa es nuestra sangre. El gran asesino se esconde detrás del gran arquitecto (que si no se autonombra ‘Dios’ es porque no quiere pecar de falsa modestia).
Es en este marco, creo yo, que se ubica la propuesta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y del Congreso Nacional Indígena en medio de la coyuntura electoral de 2018 en México, que tiene, entre otros los siguientes elementos.
a) La propuesta la formuló el EZLN al Quinto Congreso del Congreso Nacional Indígena (CNI) y consistía en proponerle llevar a cabo varias cosas que ahora están precisadas en el comunicado titulado. Una historia para tratar de entender. “Por eso les proponemos que el CNI forme una Junta de Gobierno Indígena (así se llamaba en nuestra propuesta original; ya en asamblea, y a propuesta de una delegación indígena magonista de Oaxaca, pasó a llamarse “Concejo Indígena de Gobierno”), un colectivo, formado por delegados del CNI, que aspire a gobernar el país. Y que se presente a las elecciones presidenciales del 2018 con una mujer indígena del CNI como candidata independiente.
Es decir, nunca se trató de lo que por semanas se discutió y exacerbó el ánimo de mucha gente”. (Una historia para entender: comunicado zapatista aparecido el 17 de noviembre)
b) Una vez que los delegados del CNI decidieron llevar a sus barrios, tribus, pueblos y naciones esta propuesta se volvió de su propiedad.

Ahora quiero dar mi opinión sobre todo este debate de los tiempos y los calendarios: esta propuesta, han señalado los compas zapatistas, no significa un giro ni de 180 no de ningún grado. Posiblemente para los que se inventaron un zapatismo y lo difundieron por el mundo como la esencia del zapatismo, pues la propuesta sí represente un problema. Pero para cualquiera que revise la historia del zapatismo la conclusión es lógica. No se trata de ningún giro.
No tan sólo está lo más obvio, que insisten en que su lucha no es por tomar el poder (que algunos han confundido con que eso significa que no hay que luchar por acabar con el poder del capital y sus derivados y construir una nueva relación social, tipo la Juntas de Buen Gobierno donde el pueblo manda y el gobierno obedece)
Tampoco se busca establecerse en la institucionalidad burguesa. Una vez más, el calendario y el tiempo que se escoge no lo pone el poder del dinero. Se decide autónomamente. En este caso, coincide con una fecha en que hay elecciones, pero el contenido de la propuesta y de la acción es escogida de manera autónoma por los pueblos indígenas que decidirán sobre la propuesta zapatista.
¿Un concejo indígena de gobierno es una propuesta que respeta el sistema presidencial unipersonal? ¿Atenta o no contra la forma de organización del dominio capitalista?
Y no se trata de pensar que alguien por ser indígena no pueda tomar acciones en favor del capital —el ejemplo de Evo Morales es revelador—. Pero la fórmula Evo-Álvaro, en Bolivia, perpetuaba la forma de organización del dominio. No se buscaba trastocar desde la raíz la forma de gobernar, más aún, en el inicio declararon que lo buscaban era construir el “capitalismo andino”. Y cuando discutieron la elaboración de la nueva Constitución y la forma en que se debía organizar el gobierno rechazaron explícitamente la conformación de un Concejo de gobierno para perpetuar el mando personal, que tan ajeno resulta a la tradición de los pueblos indígenas.
El planteamiento del Concejo Indígena de Gobierno juega un carácter ejemplar —creo yo— estamos hablando de un movimiento con 20 años de existencia, el único que se desarrolla al margen del Estado y sus tentáculos y con más de 500 años de lucha y resistencia.
En ese sentido se trata de vincular tres procesos: avanzar en la organización de los de abajo; promover una forma de gobierno que rompa con las formas tradicionales de la democracia burguesa y que se generen mecanismos que permitan una respuesta mucho más claramente anticapitalista que detenga el proceso de destrucción y la forma de dominio que el poder del dinero ha aplicado en los últimos 30 años.
Finalmente, el símbolo es fuerte. Una mujer indígena. Una mujer indígena pobre, que está acostumbrada a luchar por sus derechos, a hacerlo siempre de manera colectiva con el objetivo de buscar la construcción de un mundo parejo, que lucha contra la explotación, el despojo, el desprecio, la represión, que defiende su tierra y su territorio, que trabaja por una relación diferente con la naturaleza.
¿Por qué digo todo esto, si todavía no se sabe quién sería nombrada si las asambleas de los barrios, las tribus, los pueblos y las naciones del Congreso Nacional Indígena aceptan esta propuesta y la enriquecen? Pues porque sea quien sea, estas características son las que han permitido la construcción del mundo comunitario de los pueblos indígenas mexicanos que están dentro del CNI y también porque esta ha sido la lucha de las mujeres indígenas que se han ganado su espacio como producto de su voluntad de modificar su situación específica como mujeres siempre de manera colectiva.
Lo que nosotros tenemos que averiguar (quizá sería bueno que la izquierda mundial prestara alguna atención) es cuál va a ser nuestro papel en esta gran campaña anti-electoral. ¿Será exigir tener diputados locales o senadores? ¿Será el que nos acepten como asesores ya que andamos cargando un cartelito que dice: “se asesoran movimientos”? ¿Será usar la campaña como moneda de cambio para que nos den más créditos de vivienda o algunos carros de hotdogs). O, ¿Será ponernos a disposición del Concejo Indígena de Gobierno y de su candidata para poner nuestro grano de arena en esta gran tarea de construir una nueva casa, diferente a la casa que se está viniendo abajo del capitalismo? ¿Será que al conocer su sabiduría aprendamos del Concejo y su candidata para avanzar en los moleculares procesos de organización en los que estamos involucrados?
Yo me inclino por las dos últimas, creo que podemos construir algo nuevo que aprenda que los 7 principios del CNI-EZLN:
1)-Servir y no servirse.
2)- Representar y no suplantar.
3)-Construir y no destruir.
4)-Obedecer y no mandar.
5)- Proponer y no imponer.
6)-Convencer y no vencer.
7)- Bajar y no subir.

No hay para dónde hacerse, lo siento, pero los que suspiran y aspiran a la reinstauración del viejo Estado Benefactor, lo hacen por algo que ya pasó y no volverá. Su “íntima nostalgia reaccionaria” no hace sino vestirlos de cuerpo entero. Ellos no están contra el capitalismo, sino contra sus excesos.
El capitalismo es como es, es decir: inhumano. Es una tarea muy ingrata proponerle al pueblo que se organice, luche y se confronte simplemente para que el Estado recupere la rectoría en la economía sin tocar las bases de la explotación, es decir, la relación trabajo asalariado-capital y sin tocar la economía corta cupones que significa la financiarización.
Parafraseando un planteamiento de Michel Lowy: Actualmente, en el mundo, el rey no es un Borbón o un Habsburgo o un Windsor, o un Hohenzollern, o un Hannover, sino el capital financiero. En éste se encuentran subsumidos los grandes capitales industriales, la burbuja especulativa, el dinero de la industria de la droga, los secuestros, los tráficos de seres humanos, de órganos, las deudas públicas y privadas y el capital de las grandes multinacionales del despojo. Todos los gobiernos actuales son sólo palafreneros de ese monarca absolutista, intolerante y antidemocrático. Esos palafreneros a veces pueden ser de derecha, “centro-derecha o centro-izquierda” o seudoizquierda… todos sirven sumisamente a su majestad. La total y absoluta soberanía reside, en el mundo actual, en el capital financiero global.
“En nuestro sueño, el mundo es otro, pero no porque algún “deux ex machina” nos los vaya a obsequiar, sino porque luchamos, en la permanente vela de nuestra vela, porque ese mundo se amanezca. Nosotros, los zapatistas, sabemos a cabalidad que no tendremos, ni nosotros ni nadie, la democracia, la libertad y la justicia que necesitamos y merecemos, hasta que, con todos, la conquistemos todos.
Con los obreros, con los campesinos, con los empleados, con las mujeres, con los jóvenes.
Con aquellos que hacen andar las máquinas, que hacen producir al campo, que le dan vida a las calles y a los caminos.
Con aquellos que, con su trabajo, preceden al sol cada día.
Con aquellos que siempre producen las riquezas y hoy sólo consumen las pobrezas.
Nuestra lucha, es decir, nuestro sueño, no termina” (Marcos S I, “La velocidad del sueño tercera parte: pies desnudos”).

La propuesta del EZLN-CNI no divide, ¡exhibe! a los partidos políticos.

 

 

Elecciones 2108
La propuesta del EZLN-CNI no divide, ¡exhibe! a los partidos políticos.

Paulina Fernández C.*

Hace poco más de un mes Miguel Ángel Mancera declaró a la prensa: “Llegué a la jefatura de Gobierno [del Distrito Federal] por ese instituto político cuando la izquierda estaba unida. En esa contienda participaron de la mano PRD [Partido de la Revolución Democrática], Partido del Trabajo (PT), Movimiento Ciudadano (MC) y la gente de Morena. Hoy está hecha esta división…”1

Y esta división entre unos y otros partidos que se dicen de izquierda o las divisiones en el interior de cada uno de ellos, así como las deserciones individuales o las escisiones de grupos de tránsfugas que emigran a la menor oportunidad, es una constante en la vida de las organizaciones políticas con registro legal. Mas estas constantes divisiones no sólo se dan en o entre partidos políticos registrados; éstos también buscan por todo el país atraer a su clientela permanente a las organizaciones no partidarias con influencia política en sus ámbitos o sectores de intervención y para ello recurren a viejos mecanismos de penetración de organizaciones mediante la cooptación de dirigentes, dejando como testimonio de esta práctica los apellidos que las diferentes fracciones producto de las sucesivas divisiones se ven obligadas a usar para distinguirse: “nueva”, “democrática”, “independiente”, “histórica”, “revolucionaria”, “mayoritaria”…

En vísperas de procesos electorales municipales, estatales o federales, personeros de los partidos políticos se dan a la tarea de contactar líderes, autoridades o representantes para ofrecerles ser candidatos, no porque entre sus filas no haya interesados en acceder a un “puesto de elección popular”, sino porque la coyuntura es propicia para abrirse paso en ciertas comunidades que los repudian. Toda la gente sabe que durante las campañas, la división que fomentan los partidos políticos en pueblos, comunidades, ejidos, barrios, colonias, y en organizaciones campesinas, indígenas, de colonos, de todo tipo de trabajadores, se intensifica y va acompañada de diversas mercancías, bienes de consumo necesario, dinero en efectivo o en tarjetas de plástico, que se entregan en miles de operaciones abiertas de compra venta de conciencias, con el mayor descaro.

El reparto de recursos económicos entre la población de ciertos territorios desempeña una función que rebasa con mucho los tiempos y los apetitos electorales. Partidos de diverso signo y gobiernos de todos los niveles, saben que elemento esencial de la resistencia indígena que no han podido doblegar, consiste en no recibir dinero del Estado mexicano bajo ningún concepto. La ostentosa distribución de bienes materiales que se entregan sólo a “los que están con el gobierno”, a los miembros de organizaciones y comunidades “partidistas” vecinas, es una de tantas formas de hostilidad y presión que se ejercen con el fin de debilitar y dividir a las comunidades autónomas zapatistas.

La continua labor de división que provocan los partidos políticos en estos territorios nada tiene que ver con su democracia; es parte de una guerra permanente contra los pueblos, guerra no exenta de violencia. Así encontramos que, por ejemplo, en los municipios autónomos rebeldes zapatistas del Caracol de La Garrucha, se han tenido que afrontar en los últimos años dificultades de origen partidista y gubernamental, todas ellas dirigidas contra la autonomía. “Estas dificultades son parte de una misma estrategia contrainsurgente que se manifiesta, principalmente, en la invasión y despojo de tierras recuperadas, siendo éste el aspecto más visible de la ofensiva para desintegrar la cohesión social de las comunidades, para dividir a los pueblos y ejidos y enfrentar entre sí a los hermanos indígenas, para debilitar la resistencia de las bases de apoyo del EZLN, para hacer desertar a zapatistas, en fin, para obstruir permanentemente la libre construcción de la autonomía. Paralela a esta ofensiva generalmente violenta contra tierras y poblaciones, el Estado impulsa medidas socialmente más presentables pero igualmente perversas, basadas en un número indeterminado de políticas, programas y proyectos, a través de los cuales fluyen continuamente el dinero y los recursos materiales hacia la población vecina, también indígena pero no zapatista, de todas las edades y condiciones. En estas labores contrarrevolucionarias participan los tres niveles de gobierno oficial, miembros de algunas organizaciones sociales habilitados como paramilitares y los partidos políticos nacionales que tienen presencia en la Zona, en la que –dicho sea de paso– todo indica que ya no hay partidos políticos de oposición, todos son gobierno o están a la espera de turno o de una alianza para serlo y todos participan activamente en la guerra contra los zapatistas, de la que buscan sacar provecho con su lógica clientelista, en el mercado político-electoral.”2

De las muchas denuncias que por años se han hecho públicas (cuyos textos completos todavía se pueden consultar por internet) y sobre las que los partidos políticos incriminados hasta la fecha no han expedido acuse de recibo, podemos desprender que “en la guerra contra los zapatistas las fronteras y diferencias políticas no existen entre los partidos, ni entre los gobiernos, o lo que es lo mismo todos son uno, y más se funden los partidos en un solo conjunto cuando sus militantes y dirigentes callan y se desentienden de los actos cometidos por quienes ellos apoyaron para llegar al poder. En las denuncias de la Junta de Buen Gobierno de la Zona Selva Tzeltal hechas en diferentes momentos, son continuamente señalados como responsables políticos del hostigamiento, agresiones, despojos, robos y diversos delitos los titulares del poder ejecutivo federal, del estatal y del municipal que encabezaron sus respectivos gobiernos en el periodo 2006-2012: Felipe Calderón Hinojosa quien llegó a la Presidencia de la República –fraude mediante– registrado por el PAN, y que a través de diversas dependencias federales estuvo apoyando a la OPDDIC, organización de abierta filiación priísta, en el despojo de tierras al EZLN. Juan José Sabines Guerrero, Gobernador del estado de Chiapas, que cuando no había dejado de ser un priísta en funciones de presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez fue postulado por la ‘Coalición por el Bien de Todos’ conformada por los partidos PRD, PT y Convergencia. Carlos Leonel Solórzano Arcia, militante del PAN, fue Presidente Municipal de Ocosingo de 2008 a 2010, y su sucesor Lindoro Arturo Zúñiga Urbina (2011-2012) fue el candidato de la ‘Unidad por Chiapas’ integrada por la alianza entre PAN, PRD, Convergencia y PANAL.”3 Dicho brevemente: en años recientes, en Chiapas la “izquierda” y la derecha por igual, representadas por PRI, PAN, PRD, PT, Convergencia, PANAL, han sido copartícipes en diferentes momentos del hostigamiento, agresiones, despojo y diversas acciones violentas contra las comunidades de los municipios autónomos zapatistas cuya lucha, experiencia de organización y de gobierno pone en evidencia al sistema político y económico al que se deben y defienden todos los partidos institucionales.

Sin excluir a las comunidades cercanas a los municipios zapatistas, en el resto del país los programas sociales a través de los cuales los gobiernos canalizan recursos económicos a “la población pobre” cumplen la misma función que las dádivas repartidas en campaña y son aprovechados permanentemente por los partidos “en el poder” para atraer, conservar o incrementar su clientela electoral: créditos, viviendas, Oportunidades, Procampo, Vivir mejor, Piso firme, Amanecer para los viejitos, becas escolares para los niños, entre otros “beneficios”, se otorgan discrecionalmente a sus respectivos seguidores, profundizando así las divisiones sociales y los enconos partidarios.

Pero esas “obras de caridad” con recursos públicos no sólo sirven para dividir y debilitar a la población de diversos modos organizada, también sirven para fortalecer al capitalismo llevando a todos los rincones del país sus modos de explotación, de dominación política, de control social, de sometimiento personal. No es por casualidad ni por error que los programas sociales de subsidios para la población más pobre no hayan disminuido la pobreza y sí en cambio se hayan convertido en una fuente de ganancias para el capital financiero en América Latina. Hace unas semanas el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reveló que veinte años después de que los “programas de transferencias monetarias condicionadas” –así les llaman– se pusieran en funcionamiento en la región, “con México y Brasil como pioneros, con Oportunidades, que derivó en Prospera, y Bolsa Familia, respectivamente” encontró que los gobiernos pagan altas comisiones a los bancos por cada transacción realizada, debido a que la mayoría de los beneficiarios habitan en comunidades marginadas del sector financiero.4

La labor de división y desarticulación del tejido social impulsada por los gobiernos y partidos políticos de cualquier signo, se lleva a cabo por todo el territorio nacional con la finalidad de facilitar la apropiación y concentración en manos privadas de las riquezas nacionales. Durante las últimas décadas, en este proceso de acumulación de capital denominado neoliberalismo los actores públicos, las instituciones del Estado mexicano, la llamada clase política y sus partidos, han sido acompañados por otros actores como caciques, empresarios, guardias blancas, paramilitares y delincuentes de diverso tipo.

La participación asociada de estos actores públicos y privados aparece en los múltiples casos en donde las resistencias se enfrentan al despojo, casos dados a conocer por decenas de pueblos agrupados en el Congreso Nacional Indígena y en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, de los que dan cuenta en varios documentos elaborados conjuntamente en los últimos años. De entre éstos, cabe señalar aquí tres comunicados: la 2ª. Declaración de la compartición CNI-EZLN sobre el despojo a nuestros pueblos del 16 de agosto de 2014, más conocido como el comunicado de “los espejos”; el más reciente, titulado Que retiemble en sus centros la tierra del 14 de octubre de 2016;5 y el Parte de guerra y de resistencia # 44 del 22 de septiembre de 2016, del que citamos algunos datos del panorama nacional por el que desfilan los diversos actores públicos y privados confabulados:

En el sur, la lucha de los pueblos en defensa de sus territorios en contra de caciques y empresas, se disuelve con la lucha por la seguridad y la justicia en contra de las bandas de la delincuencia organizada, cuya íntima relación con toda la clase política es la única certeza que, como pueblo, tenemos hacia cualquier órgano del Estado.”

En el occidente, las luchas por la tierra, la seguridad y la justicia se dan en medio de la administración de los cárteles de la droga, que el Estado disfraza de combate a la delincuencia o de políticas de desarrollo. En cambio, los pueblos que han resistido e incluso abatido la delincuencia mediante la organización desde abajo, deben luchar por los intentos permanentes de los malos gobiernos para lograr que el crimen organizado, y los partidos políticos de su preferencia, se adueñen nuevamente de los territorios mediante formas diversas.”

En el norte, donde persisten luchas por el reconocimiento de los territorios, las amenazas mineras, los despojos agrarios, el robo de recursos naturales y el sometimiento de las resistencias por narco paramilitares, los pueblos originarios siguen construyéndose a diario.”

En la península, los pueblos mayas se resisten a desaparecer por decreto, defendiendo sus tierras del ataque de empresarios turísticos e inmobiliarios, donde la proliferación de guardias blancas opera con impunidad para despojar a los pueblos, la invasión por la agroindustria transgénica amenaza la existencia de los pueblos mayas y la inmundicia de los magnates que se adueñan de los territorios agrarios, vestigios culturales arqueológicos e incluso la identidad indígena, pretende convertir a un pueblo tan vivo como la extensión de su lengua, en fetiches comerciales.”

En el centro, los proyectos de infraestructura, autopistas, gaseoductos, acueductos, fraccionamientos, se están imponiendo de forma violenta y los derechos humanos se ven cada vez más difusos y lejanos en las leyes impuestas. La criminalización, cooptación y división dibuja la estrategia de los grupos poderosos, cercanos todos de manera corrupta y obscena al criminal que cree gobernar este país, Enrique Peña Nieto.

En el oriente del país, la violencia, el fracking, las mineras, el tráfico de migrantes, la corrupción y demencia gubernamental son la corriente contra la lucha de los pueblos, en medio de regiones enteras tomadas por violentos grupos delincuenciales orquestados desde altos niveles de gobierno.”6

Los casos implícitos en las anteriores denuncias se enmarcan y derivan de la forma de dominación y acumulación por despojo y violencia propia de la globalización neoliberal, la cual se empezó a gestar en los años 70 del siglo pasado, abriéndose paso en América Latina con el cruento golpe de Estado militar en Chile del 11 de septiembre de 1973. Años 1970, misma década en que el gobierno mexicano, ante los riesgos de ya no poder seguir controlando a la población sólo por medios autoritarios y represivos, y ante los cambios en la situación económica que anunciaban el comienzo de una nueva crisis mundial, optó por desviar la lucha de clases hacia una pequeña compuerta electoral, por la que entraron al sistema nuevos partidos políticos, la izquierda por delante con el más antiguo de entonces, el Partido Comunista Mexicano (PCM), fundado en 1919 y de cuyo registro legal hoy todavía disfruta el Partido de la Revolución Democrática.

La historia legal-electoral del PCM-PSUM-PMS-PRD es el mejor ejemplo de cómo el Estado mexicano logró con facilidad uno de los objetivos centrales de la Reforma Política de 1977, lo cual permitió en muy poco tiempo al presidente de la República cantar victoria al informar que, luego de participar en unas cuantas elecciones locales: “Las minorías han encontrado expresión, y la pasión de la disidencia se ha vuelto deber institucional.”7

El presente del Partido de la Revolución Democrática es el resultado de una historia de diferentes organizaciones e individuos que se fueron sumando en un partido que a la vez que cambiaba de nombre iba perdiendo su identidad de izquierda, primero, y después, en la medida en que se iba acercando a posiciones de poder, iba renunciando a su papel de oposición. Este proceso de pérdida de identidad del PRD como partido heredero de una corriente de la izquierda mexicana, empezó años antes de su fundación.

Dado el carácter eminentemente electoral del origen, de las actividades y hasta de los principios básicos más importantes del PRD, es necesario rastrear estas posiciones para entender su desarrollo. La posición expresada por los representantes de los partidos Comunista Mexicano, Mexicano Socialista y Socialista Unificado de México con motivo de las sucesivas reformas políticas y electorales federales que se realizaron desde 1977, brindan la oportunidad para estudiar los cambios de esa corriente de la izquierda mexicana, a lo largo de todos esos años.8

El PCM se define frente a la Reforma Política de 1977. La de los años setenta, era para el Partido Comunista Mexicano, una crisis de los aparatos ideológico-políticos del régimen, entre los cuales se incluía a los partidos, al sistema electoral y a los instrumentos de control sobre el movimiento obrero y campesino.9 La solución que el PCM trataba de impulsar para aquella crisis política, se basaba en la democratización del régimen, misma que consistía en términos generales, en la eliminación de los obstáculos legales a la participación de los obreros, de los campesinos y de los intelectuales, en todas las esferas de la vida política, económica y social. El derecho irrestricto a organizarse en partidos políticos se encontraba en el centro de la solución democrática que este partido proponía para la crisis de entonces.

En el discurso, la idea de democracia se presentaba asociada a la de partido, y la concepción de partido remitía a la intervención electoral, aunque todavía no de manera exclusiva y absoluta: “Los comunistas –decía Arnoldo Martínez Verdugo– somos partidarios de una democracia en la que todos los ciudadanos, independientemente de su posición social, de su ideología, de sus creencias religiosas y de sus concepciones políticas, gocen del derecho de organizarse en partidos, intervenir en el proceso electoral en igualdad de condiciones, enviar sus representantes a los órganos electos, realizar la propaganda de sus ideas sin cortapisas y a través de los órganos de difusión masiva, organizarse con independencia del gobierno y de la empresa y luchar por la conquista del poder apoyándose en la mayoría del pueblo en uso del derecho establecido en la Constitución.”10 Pero esta democracia, desarrollada hasta sus últimas consecuencias y con un interés de clase, también podía conducir al socialismo, y por ello los miembros del PCM, decían: “queremos asegurar el paso de la democracia burguesa, la democracia formal, a la democracia real, la democracia socialista”.11

El conjunto de ideas y propuestas comunistas acerca de la reforma electoral que, desde su punto de vista demandaba la sociedad mexicana en 1977, concluía con una exigencia muy reveladora, sobre todo por proceder de el partido de la izquierda, independiente, de oposición, revolucionario, que pretendió ser el Partido Comunista Mexicano. En voz de su Secretario General del Comité Central el PCM sostenía: “Una condición indispensable para contrarrestar la desigualdad que existe entre los partidos en los que se agrupan los ricos y el partido que tiene en sus manos el poder, por un lado, y los partidos que representan la parte explotada de la población, por el otro, privados de medios económicos y de los recursos del poder, es la exigencia de que el Estado costee los gastos de campañas electorales de todos los partidos y los de su registro.” Una medida de esta naturaleza –se aclaraba– no garantizaría por sí misma la igualdad, pero contribuiría a disminuir la desigualdad al mismo tiempo que “serviría para neutralizar la corrupción”.12

En otras palabras, a través de la exigencia de financiamiento público para los partidos políticos, el Partido Comunista le ofrecía al Estado mexicano, la vía más corta y segura para resolver en definitiva la lucha de clases acabando de una sola vez con la explotación y con la corrupción. Con ello y de paso, el PCM cumplía sus funciones de partido de oposición y de izquierda, ahorrándose las molestias de trabajar por un cambio revolucionario. Pero lo más grave y trascendente de esa solicitud era el razonamiento implícito: el que el partido del gobierno recibiera financiamiento público era un acto de corrupción, pero si todos los partidos recibieran dinero de la misma procedencia, entonces se neutralizaría la corrupción. Dicho de otro modo, el PCM en lugar de exigir su erradicación pedía la socialización de la corrupción.

Años después este partido ya con el nombre de Partido Socialista Unificado de México se redefinía ante la Renovación Política de 1986. Un sexenio de participación electoral fue suficiente para inducir a los excomunistas a una depuración de proposiciones y a una redefinición de posiciones y de conceptos claves.

En la sesión de instalación de las audiencias públicas de consulta para la Renovación Política Electoral, el Secretario General del Comité Central del PSUM había adelantado la que sería la principal preocupación de su partido para esta reforma: el sistema de partidos políticos.13 El nuevo objetivo era “avanzar hacia un régimen parlamentario democrático, que sustituya al decadente régimen presidencialista” precisaba Arnoldo Martínez Verdugo, ahora convertido en diputado federal.14 A diferencia de lo que habían expuesto como Partido Comunista, para los dirigentes del PSUM dejó de ser relevante la relación del partido político con las clases sociales y sus necesidades, el papel de los militantes o la función, incluso, de la participación de los electores; en lugar de su base social, lo más importante pasó a ser la protección de la legislación electoral, en la cual se depositaban todas las esperanzas y hacia la cual se dirigían todas las exigencias para garantizar a los partidos su existencia, crecimiento y permanencia en el sistema de partidos. Mas el abandono y cambio de posiciones iba más lejos aún. No sólo los obreros y sus sindicatos, las organizaciones campesinas, los presos y torturados por motivos políticos, o las leyes represivas e injustas, dejaron de ser aspectos medulares de una verdadera reforma política; del discurso del PSUM también desapareció el socialismo que años atrás había planteado el PCM como el objetivo que se alcanzaría con el desarrollo de la democracia llevada hasta sus últimas consecuencias. El nuevo objetivo de los viejos comunistas –a pesar del nombre de su partido– ya no era el socialismo, sino el parlamentarismo.

Tres años más tarde el PMS se ajustó a la Reforma Electoral de 1989. El 6 de julio de 1988 no dejó lugar a precisiones ideológicas ni a concepciones políticas en el sentido más amplio del término: lo que fuera la democracia y lo que haya sido el socialismo, aunque todavía lo conservara en el nombre el Partido Mexicano Socialista, no tenía ya importancia alguna frente al apremio de denunciar la parcialidad de un sistema electoral diseñado y perfeccionado a la medida de las necesidades del partido del gobierno. La exposición del tema “Derechos políticos y representación nacional” a cargo –una vez más– de Arnoldo Martínez Verdugo, se concentró en el sistema electoral mexicano; el expositor terminó su intervención aclarando que las propuestas que había hecho correspondían a las posiciones tanto del Partido Mexicano Socialista como a las del Comité Promotor del Partido de la Revolución Democrática.15

De lo expuesto por sus representantes, se puede concluir que las intervenciones del PMS en las audiencias públicas de la reforma de 1989 estuvieron marcadas por las elecciones federales de 1988, a tal grado que el voto devino el eje articulador tanto de sus críticas como de sus propuestas: “Con todo, lo esencial de una reforma democrática es el respeto al sufragio”,16 afirmación de Porfirio Muñoz Ledo que bien podría ser el epitafio de la etapa comunista-socialista de los partidos que dieron origen y registro al PRD. De la transformación del sistema económico, social y político para la instauración del socialismo, presente en los documentos del PCM a fines de los años 70, se había llegado a fines de los años 80 a demandar un sistema pluripartidista como objetivo histórico del PMS, y del PRD en vísperas de su fundación. El partido se convirtió a lo largo de esos años en un aparato electoral que creyó encontrar en el proceso de 1988 su mejor justificación, y cuyo interés primordial en las reformas electorales era incluir en la legislación las garantías necesarias para poner límite a los excesos, usos y abusos del PRI, al mismo tiempo que se consagrara la alternancia política como principio constitucional; todo ello con el fin de despejar la vía de acceso al poder, que tan cerca les pareció haber visto.

Transitar de un sistema de partidos a otro, o perfeccionar el sistema electoral, no significa en ningún caso, subvertir el orden económico-social. Con esos objetivos ni siquiera se alcanzaría a transformar, en esencia, el régimen político. Las críticas y las propuestas presentadas por los representantes del PMS en las audiencias de la Reforma Electoral de 1989, no contienen nada distintivo ni propio de un partido de izquierda, nada que un partido de oposición, formal o real, de derecha moderada o extrema, no pudiera suscribir sin ningún problema.

Llegado el año de la reforma electoral de 1993 el PRD se perdió en el consenso. La práctica de organizar audiencias públicas en las que participaran representantes de diversas organizaciones e instituciones, además de los voceros de los partidos, y que en ellas se expusieran diversas posiciones políticas antes de cada reforma electoral, había concluido en 1989, fecha en que se inició la era de la participación plural, de los acuerdos concertados y de las decisiones por consenso, mecanismos introducidos desde los primeros actos de gobierno de Carlos Salinas de Gortari con la intención de involucrar a todos los partidos en las decisiones del poder y de esta manera corresponsabilizarlos de las mismas. Después de las elecciones legislativas de 1991, una vez que cambió la composición política de la Cámara de Diputados, recuperando el PRI un número importante de curules que había perdido en 1988, fue más fácil y útil para el titular del Poder Ejecutivo federal recurrir a esos mecanismos, sin graves riesgos políticos.

Para la reforma de 1993 se estableció un procedimiento más cerrado que en todas las reformas anteriores. El PRD presentó dos conjuntos de reformas para diferentes ordenamientos legales, en distintas fechas. Las modificaciones presentadas en el Congreso de la Unión en 1992-1993, expresaban una actitud del PRD iniciada por sus antecesores y desarrollada a lo largo de muchos años: las iniciativas estaban encaminadas a solicitar una mayor intervención del Estado a favor de los partidos registrados, y complementariamente, estaban dirigidas a permitir una mayor injerencia del mismo Estado en la vida interna de los partidos, en asuntos que deberían ser competencia exclusiva de sus miembros, o en el último de los casos, del común de los ciudadanos.

Las ideas propias, el carácter distintivo de las propuestas y la identidad política de cada partido desaparecieron de las reformas electorales a partir de 1994 cediendo el paso a los documentos de acuerdos o compromisos, y a las iniciativas suscritas conjuntamente por partidos formalmente opuestos.

Las reformas que en materia electoral se hicieron en 1994 a la Constitución, al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, y al Código Penal, suscritas por legisladores federales del PRD, del PRI, del PAN y del PARM, fueron precedidas por un “Compromiso para la paz, la democracia y la justicia” que los dirigentes nacionales y/o candidatos a la Presidencia de la República de ocho de los nueve partidos contendientes en la sucesión presidencial entonces en curso habían hecho como respuesta al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el día 27 del mismo mes del levantamiento armado17.

A pesar de que la irrupción de un movimiento armado en plena campaña electoral era un hecho que significaba en sí mismo la reprobación del régimen político y del sistema de partidos existentes, los representantes de los partidos nacionales registrados se unieron en dicho Compromiso para “cerrar el paso a todas las formas de la violencia” y para negar validez a cualquier otro tipo de fuerza política y de espacio distinto al de ellos, reivindicando para sí el monopolio de la lucha por la democracia. El avance democrático –exigían los firmantes del documento– “debe procesarse en los espacios de los partidos políticos y las instituciones republicanas”, y su contribución al proceso de paz era entendida como la suma de esfuerzos para garantizar una “elección legal y creíble” que sirviera al fortalecimiento democrático del país y del orden constitucional.18

Acorde con el papel central que los dirigentes nacionales y los candidatos presidenciales atribuyeron a sus partidos en el documento citado, la parte medular de la reforma de 1994 insertada en el artículo 41 constitucional y en los correspondientes artículos del COFIPE, pretendía “ciudadanizar” la integración del órgano superior de la autoridad electoral19. Pero contrariamente a la demanda surgida de organizaciones de la sociedad civil y de otras fuerzas políticas como el EZLN, en la elección de esa “representación ciudadana” en los órganos electorales no intervendrían los ciudadanos. La reforma consistió en que, en lugar de Consejeros Magistrados propuestos por el Ejecutivo federal, el Consejo General del Instituto Federal Electoral sería integrado por Consejeros Ciudadanos designados –no por los ciudadanos, hay que insistir– sino por los partidos políticos en la Cámara de Diputados, además de los representantes propios de cada partido político.

Con esta reforma la impostura alcanzaba rango constitucional. Se hacía realidad la vieja aspiración de partidos que, como el PCM desde 1977, proponían que en el organismo de máxima autoridad electoral se integraran “ciudadanos de reconocida probidad e independencia, elegidos por unanimidad por los propios partidos”; también se consolidaba la añeja intención gubernamental de dotar a los partidos registrados del carácter de interlocutores políticos únicos para decidir a nombre de todos los ciudadanos. Conjuntamente, partidos y gobierno, invocando la paz, la democracia y la justicia, marginaban de común acuerdo a esa sociedad civil que compartía los reclamos más enérgicos, los escuchados el 1° de enero de ese año de reformas, insurrección, asesinatos y elecciones.

El PRD se diluye en la Reforma Electoral Definitiva de 1995-1996. Si después de 1989 la práctica de las audiencias o consultas relativamente públicas había desaparecido, y si a partir de 1994 los partidos habían renunciado a su identidad absteniéndose de presentar iniciativas propias, en 1996 estas dos conductas se repiten en extremo. El país entero ignoró lo que los dirigentes de los partidos registrados discutían y negociaban con la Secretaría de Gobernación a lo largo de los veinte meses, aproximadamente, que duró el “encierro en Barcelona”.

Menos de un mes después del estruendo provocado por la crisis financiera con que se inauguró el nuevo gobierno, y menos de un mes antes de la ofensiva militar contra los zapatistas, acontecimientos que marcaron el sexenio de Ernesto Zedillo, los dirigentes de los partidos políticos nacionales y el titular del Poder Ejecutivo federal signaron los “Compromisos para un Acuerdo Político Nacional”20 con los que se iniciarían las negociaciones de lo que el propio Zedillo había anunciado como una Reforma Electoral Definitiva a nivel federal, en el marco de la llamada Reforma del Estado. Al igual que en los Compromisos de un año antes, no pudiendo ignorar del todo la realidad nacional, partidos y gobierno insistieron en omitir cualquier referencia directa al EZLN, y en esta ocasión ni siquiera el estado de Chiapas era mencionado por su nombre.

Desde los documentos de conclusiones que antecedieron a los textos de las iniciativas de reformas, todos los dirigentes partidistas coincidían con la Secretaría de Gobernación en que para fortalecer a los partidos políticos había que privilegiar el financiamiento público sobre el privado, incrementando el monto total hasta entonces distribuido, e igualmente compartían la idea de establecer un límite al monto total, y de disminuir las aportaciones en dinero que los partidos políticos pudieran recibir de sus simpatizantes.21

Estas disposiciones han tenido consecuencias en tres aspectos fundamentales. Por un lado, lejos de fortalecer a la oposición, el creciente financiamiento público ha debilitado políticamente a los partidos, profundizando su dependencia respecto del Estado a grado tal que ninguno de ellos se aventuraría hoy a vivir prescindiendo de esa fuente de recursos. Por otro lado y derivado en cierta medida de lo anterior, la reducción legal y real de las aportaciones de los simpatizantes se ha traducido en una disminución del interés y del compromiso político de los militantes que en otros tiempos eran el sostén de sus partidos, relación que en muchos casos se ha invertido degenerando en una militancia a sueldo, o de paga. Por último, una consecuencia directa de la aceptación del financiamiento público en especie y en efectivo, ha sido la creciente injerencia del Estado, de diversas entidades públicas, en el funcionamiento interno de los partidos, con el fin de verificar, fiscalizar o auditar ingresos y gastos.

Aunque en 1999 no hubo reforma política ni electoral alguna, es indispensable considerar el ejercicio hecho ese año por los partidos representados en la Cámara de Diputados, puesto que es la síntesis concentrada del extravío de la oposición en general, y en especial de quienes pretendían representar a la izquierda. Diputados federales de los grupos parlamentarios del PAN, PRD, PT, PVEM e Independiente, propusieron una iniciativa de decreto para reformar, adicionar y derogar diversas disposiciones del COFIPE.22 El PRD quedó confundido en esa iniciativa.

La actitud, las preocupaciones y hasta el tono y el lenguaje de la exposición de motivos de la iniciativa de 1999 no correspondían a los de una oposición consciente de serlo, y no es posible encontrar vinculación entre este documento y las históricas demandas de la izquierda mexicana. A través de esta iniciativa el PRD comparte posiciones con la derecha tradicional y la oficial: como representantes populares, como oposición, y como izquierda que pretende ser, el PRD se confunde con los defensores de un gobierno para el que busca estabilidad política y con los beneficiarios de un régimen para el que ofrece contribuir a garantizarle condiciones de gobernabilidad; en el consenso partidos-gobierno para la reforma constitucional de 1996 el PRD creyó ver la “oportunidad de una transición democrática pactada” y para el proceso electoral en puerta –el del año 2000– lo más importante era crear condiciones de certidumbre y confianza para los mexicanos en un sistema electoral construido desde el poder para la conservación del mismo.

En conclusión: El análisis de la cadena de partidos que se han considerado de izquierda desde el PCM hasta el actual PRD, a través de sus propuestas para reformar las condiciones legales de participación político-electoral de los mexicanos, muestra cómo, paulatina pero constantemente desde 1977, los partidos se van alejando de la sociedad civil al mismo tiempo que van ocupando el lugar de ésta, so pretexto de representar los intereses de los gobernados, ante y en el poder. No es entonces casual que los dirigentes de los partidos, coincidiendo con los representantes del gobierno, concentren su interés en reformas y propuestas que privilegian la democracia representativa formal, por encima de cualquier otra posibilidad del ejercicio de la democracia por parte de los ciudadanos.

A lo largo de estos años de continuas reformas electorales, es claramente perceptible el abandono de los objetivos sociales, económicos y políticos propiamente dichos de la lucha de los partidos y de su razón de ser, a la vez que van apareciendo en su lugar otros objetivos que nada tienen que ver con los problemas cotidianos de los ciudadanos, con las necesidades de la sociedad. Así pues, esta revisión histórica de una corriente de la izquierda partidaria, pone de manifiesto que llamarle democracia a las elecciones no es un simple error conceptual, sino el origen del abandono de la lucha por una nueva y más justa sociedad, que antaño llamaban socialista.

La posibilidad de observar las demandas de estos partidos en conjunto permite apreciar también cómo, en muy pocos años, se van reduciendo sus objetivos en tanto que partido político y en tanto que oposición de izquierda, y van dirigiendo su atención hacia el Estado, concentrando su interés en conseguir más recursos financieros, mejores tiempos en los medios de comunicación, y nuevos espacios de poder, e identificándose cada vez más con las características de un sistema que les proporciona lo necesario para vivir y reproducirse.

Dicho más directamente: 40 años de participación política dentro del sistema electoral legal demuestran que lo único que logró la izquierda institucionalizada es fortalecer al sistema en su conjunto, legitimarlo y prolongar su existencia, pero no destruirlo, ni siquiera cambiarlo. Peor aún. A lo largo de esos mismos 40 años se inició un nuevo ciclo de acumulación, se desarrolló y sigue en curso “un violento proceso de expansión universal de la relación de capital, de restructuración de las relaciones entre los múltiples capitales y, sobre todo, de las formas y contenidos de la dominación, la resistencia y la rebelión”23 sin que al parecer esos mismo partidos políticos de izquierda se dieran cuenta del papel que estaban desempeñando desde los distintos espacios del poder que han ocupado, de manera especial e ininterrumpida, en las cámaras del Poder Legislativo federal. Les corresponde el nada honroso mérito histórico de haber avalado las sucesivas reformas que condujeron a transformar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en un “gran código mercantil”24 , pues en el centenario de su promulgación, ésta ya “no tutela más los derechos de los campesinos, los trabajadores o los indígenas. Tampoco garantiza para la población los derechos a la salud, la educación, el trabajo; ni protege las propiedades nacionales, colectivas y comunales. Por el contrario, ahora privilegia los intereses del capital. Allana el camino a los grandes negocios sobre los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de los mexicanos.”25 Si a la Constitución la convirtieron en un código mercantil, al sistema jurídico en su conjunto le dieron las herramientas para funcionar como uno más de los “medios de despojo”26 con que cuenta el capital, contra los pueblos indígenas.

De entre los desastrosos resultados que por todo el país han dejado sembrados los partidos políticos de la izquierda institucionalizada que se ufanan de haber “tomado el poder” por la vía electoral, en diferentes espacios y niveles de gobierno, sobran motivos para fundamentar e impulsar una forma alternativa de participación política, para lo cual se dispone el CNI a empezar por “eliminar de los pueblos todo lo que nos está dividiendo: partidos políticos, programas y proyectos de gobierno y todo lo que identifiquemos que nos divide y reconciliarnos como pueblos.”27

 Si bien el CNI y el EZLN hicieron pública la pretensión de que la indignación, la resistencia y la rebeldía que se respiran en todo México, figuren en las boletas electorales del 2018, la hicieron precisando “que no es nuestra intención competir en nada con los partidos y toda la clase política que aun nos debe mucho: cada muerto, desaparecido, encarcelado, cada despojo, cada represión y cada desprecio. No nos confundan, no pretendemos competir con ellos porque no somos lo mismo, no somos sus palabras mentirosas y perversas. Somos la palabra colectiva de abajo y a la izquierda, esa que sacude al mundo cuando la tierra retiembla con epicentros de autonomía, y que nos hacen tan orgullosamente diferentes […]”28

El acuerdo del V Congreso del CNI, previa consulta, de nombrar un Concejo Indígena de Gobierno colectivo, con representantes de cada pueblo, tribus y nación que lo integran y con una vocera mujer indígena que será candidata independiente a la presidencia de México en las elecciones del año 2018, tiene como una de sus metas, no luchar contra los “partidos de izquierda” que aspiran a “tomar el poder” de los de arriba –¡si los dejan!– sino ejercer el poder que tienen los de abajo cuando están organizados. Al proponerse participar en el próximo proceso electoral federal, el Concejo Indígena de Gobierno no va a dividir a una izquierda institucionalizada que se dedica a dividirse a sí misma, ni le va a quitar votos a los partidos, puesto que hay demasiados ciudadanos en nuestra sociedad, quizá más del 50 por ciento distribuidos por todo el territorio de la República Mexicana y fuera de él, que están hartos y desde hace años no quiere saber nada de los partidos políticos.

Por ello y quizá pensando en ellas y en ellos, el EZLN estima que la acción del CNI en torno a ese Concejo y a esa mujer indígena podría generar “un proceso de reorganización combativa no sólo de los pueblos originarios, también de obreros, campesinos, empleados, colonos, maestros, estudiantes, en fin, de toda esa gente cuyo silencio e inmovilidad no es sinónimo de apatía, sino de ausencia de convocatoria […], podría generarse un movimiento donde confluyeran todos los abajos, un gran movimiento que cimbrara el sistema político entero.”29

La propuesta del EZLN-CNI no divide, ¡exhibe! a los partidos políticos al proponerse como objetivo unir, reconstituir los pueblos indígenas y reconstruir el CNI; reunir a los pueblos para darle otra vez visibilidad a los indígenas y a lo que está sucediendo en sus territorios; encontrarse con otros indígenas, hablar y escuchar a otros pueblos originarios; sumar a los pueblos, naciones y tribus que no han participado en el CNI y que acepten los principios de mandar obedeciendo; encontrarse con otros y otras que no son indígenas, pero que igual están sufriendo sin esperanza ni alternativa.

La propuesta del CNI-EZLN aspira a sacudir la conciencia de la nación, es un llamado a la unión y a la organización de los pueblos indígenas y de la sociedad civil para frenar la destrucción del país, para defender la vida individual y colectiva, para reforzar las resistencias y rebeldías, fortalecer el poder de abajo y a la izquierda en una perspectiva contra el neoliberalismo, contra el capitalismo.

 

Ciudad de México/San Cristóbal de Las Casas, 14 de abril de 2017.

 

Notas:

* Doctora en Ciencia Política por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Texto leído en el Seminario de reflexión crítica Los muros del capital, las grietas de la izquierda realizado del 12 al 15 de abril del 2017, en el CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.

  1. Leopoldo Ramos, corresponsal. “El jefe de Gobierno cree que el sol azteca puede reagruparse”, Saltillo, Coah., La Jornada, 8 de marzo de 2017, p. 13.
  2. Paulina Fernández Christlieb, Justicia Autónoma Zapatista. Zona Selva Tzeltal. México, Estampa Artes Gráficas/Ediciones Autónom@s, 2014, p. 298.
  3. Ibid., pp. 310, 311.
  4. Susana González G. “México, tercer país que más paga por transferir apoyos a pobres”. La Jornada, 20 de marzo de 2017, p. 18.
  5. 2ª. Declaración de la compartición CNI-EZLN sobre el despojo a nuestros pueblos. 16 de agosto de 2014.http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2014/08/16/2a-declaracion-de-la-comparticion-cni-ezln-sobre-el-despojo-a-nuestros-pueblos/.
    CNI-EZLN. Que retiemble en sus centros la tierra, 14 de octubre de 2016. http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/10/14/que-retiemble-en-sus-centros-la-tierra/
  6. Comunicado CNI-EZLN. Parte de guerra y de resistencia # 44, 22 de septiembre de 2016. http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/09/22/parte-de-guerra-y-de-resistencia-44/
  7. José López Portillo. Sexto Informe de gobierno. Informe complementario. México, Talleres Gráficos de la Nación, 1982.
  8. Una exposición más extensa y detallada está publicada en Paulina Fernández Christlieb, “Desde el pasado del PRD, por las reformas electorales”, en Arturo Anguiano (Coord.), Después del 2 de julio ¿dónde quedó la transición? Una visión desde la izquierda. México, UAM-X, 2001, pp. 177-203.
  9. Arnoldo Martínez Verdugo, representante del Partido Comunista Mexicano. Reforma Política. Gaceta Informativa de la Comisión Federal Electoral. I. Audiencias públicas. México, DF, CFE, abril-agosto de 1977, p. 129.
  10. Ibid. p. 130.
  11. Ibid. p. 131.
  12. Ibid. p. 134.
  13. Pablo Gómez Álvarez, Secretario General del Comité Central del PSUM. “Sesión de instalación”. Renovación Política. Renovación Política Electoral. 1. Audiencias Públicas de Consulta, México, Secretaría de Gobernación, septiembre de 1986, p. 12.
  14. Dip. Arnoldo Martínez Verdugo, del PSUM. “Tercera Audiencia Pública. Partidos Políticos Nacionales”. Renovación Política. Renovación Política Electoral. 1. Audiencias Públicas de Consulta, México, Secretaría de Gobernación, septiembre de 1986, p. 161.
  15. “El C. Arnoldo Martínez Verdugo, del PMS.” “Primera Audiencia Pública. 1° de febrero de 1989. Derechos políticos y representación nacional.” Consulta Pública sobre Reforma Electoral. Memoria 1989. I. México, Comisión Federal Electoral, 1989, pp. 79-82.
  16. “El C. Sen. Lic. Porfirio Muñoz Ledo, del PMS.” “Cuarta audiencia pública. 22 de febrero de 1989. Régimen de partidos y asociaciones políticas nacionales.” Consulta Pública sobre Reforma Electoral. Memoria 1989. I. México, Comisión Federal Electoral, 1989, p. 307.
  17. Firmaron este compromiso: Diego Fernández de Cevallos, candidato del PAN a la Presidencia de la República; Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del PRI a la Presidencia de la República; Fernando Ortíz Arana, Presidente del CEN del PRI; Cuauhtémoc Cárdenas, candidato del PRD a la Presidencia de la República; Porfirio Muñoz Ledo, Presidente Nacional del PRD; Rafael Aguilar Talamantes, candidato y Presidente del PFCRN; Rosa María Denegri, Presidente Nacional del PARM; Marcelo Gaxiola Félix, candidato y Presidente del PDM; Pablo Emilio Madero, candidato del PDM a la Presidencia de la República; Cecilia Soto, candidata del PT a la Presidencia de la República; y Jorge González Torres, candidato y Presidente del PVEM.
  18. “Compromiso para la paz, la democracia y la justicia. 27 de enero de 1994” en Guillermo Flores Velasco y Jorge Torres Castillo (Comps.) La reforma del Estado: agendas de la transición, México, INFP-PRD, 1997, pp. 187-191.
  19. Diario de los Debates de la Cámara de Diputados, 22 de marzo de 1994, y Diario de los Debates de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión de los Estados Unidos Mexicanos, 24 de marzo de 1994. También puede consultarse: 1994 tu elección. Memoria del Proceso Electoral Federal. México, IFE, 1995, p 23 y ss.
  20. “Compromisos para un Acuerdo Político Nacional. 17 de enero de 1995”, firmado por Carlos Castillo Peraza, Presidente del CEN del PAN; María de los Ángeles Moreno Uriegas, Presidenta del CEN del PRI; Porfirio Muñoz Ledo, Presidente Nacional del PRD; Alberto Anaya Gutiérrez, Coordinador del CEN del PT; y como Testigo de honor: Ernesto Zedillo Ponce de León, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, en Guillermo Flores Velasco y Jorge Torres Castillo (Comps.) op. cit., pp. 193-196.
  21. Cfr. Ibid., p. 128 y ss., y “Conclusiones alcanzadas en la Secretaría de Gobernación por el Partido Revolucionario Institucional, el Partido de la Revolución Democrática y el Partido del Trabajo en materia de reforma electoral y reforma política del Distrito Federal”, publicado en los principales diarios de circulación nacional el 22 de abril de 1996.
  22. “Iniciativa que reforma, adiciona y deroga, diversas disposiciones del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, suscrita por ciudadanos diputados de diversos grupos parlamentarios e independientes” en Gaceta Parlamentaria, N° 250, Año II, México, DF, Palacio Legislativo de San Lázaro, viernes 23 de abril de 1999, pp. 2-15.
  23. Rhina Roux, “El Príncipe fragmentado” en Gilly, Adolfo y Rhina Roux, El tiempo del despojo. Siete ensayos sobre un cambio de época. México, Editorial Itaca, 2015, p. 115.
  24. “El doctor en derecho Manuel Fuentes Muñiz señala que el actual modelo de Constitución no corresponde con los intereses nacionales. ‘Es un modelo en donde se ha sustituido el tema de país por el de empresa. Es la empresa y las inversiones lo que ahora se protege. Esto tiene que ver con la usura y con la ganancia particular. Tenemos ahora un Estado pequeño pero torpe. Tenemos un código mercantil más que un código social’, plantea.” Entrevista hecha por Zósimo Camacho publicada en: “A 100, la Constitución privilegia intereses del capital” en Contralínea 524, del 29 de enero al 04 de febrero 2017. http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/index.php/2017/01/29/a-100-la-constitucion-privilegia-intereses-del-capital/
  25. Idem.
  26. Escribió el SupGaleano: “En pocas palabras: para los pueblos originarios el sistema jurídico es sólo un medio de despojo.” Comisión Sexta del EZLN. El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista I. s.p.i., p. 289.
  27. Acuerdos del V Congreso Nacional Indígena CNI. Ratificación de acuerdos alcanzados en mesas y plenaria del 31 de diciembre de 2016. Documento leído el 1 de enero de 2017 en el Caracol de Oventik. Audio: http://radiozapatista.org/?p=19968 (transcripción PFC).
  28. CNI y EZLN. ¡Y Retembló!, Informe desde el epicentro… Declaración del V Congreso Nacional Indígena. Desde Oventik, Territorio Zapatista, Chiapas, México, 1 de enero de 2017. http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2017/01/01/y-retemblo-informe-desde-el-epicentro/
  29. Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano. Una historia para tratar de entender. 17 de noviembre de 2016. http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/11/17/una-historia-para-tratar-de-entender/

El Concejo va...

 

 

CNI-EZLN

Es la hora de los pueblos.

El Concejo va...

 

La propuesta del EZLN de “pasar a la ofensiva”, presentada en octubre del 2016; debería ser consultada entre los pueblos y comunidades que integran el CNI, porque así son los modos de abajo y a la izquierda, en un proceso que culminaría, de la manera que ellas y ellos decidieran, en diciembre del mismo año.

Si la propuesta causó sorpresas, y no pocas, entre los y las compas del CNI y de la Sexta nacional e internacional, muy otra fue  la reacción de la izquierda del sistema y de más de un sesudo analista de cubículo que se dedicaron a burlarse de ella (de la propuesta y de la vocera). Era según esto, y ya saben quien lo dijo, un “complo’ de la mafia del poder”.

Pero, si la agenda de los pueblos no cabe en los calendarios de los de arriba, tampoco en nuestras preocupaciones se encuentra el que piensen esos señores y señoras (y menos lo que digan, porque son de la lógica chimoltrufiera, un día dicen una cosa y luego todo lo contrario).

El caso es que, por decisión de los pueblos y comunidades que integran el Congreso Nacional Indígena, en acuerdo tomado en diciembre de 2016  pues el Concejo va... y la vocera también.

Pero mejor dejamos la palabra a los actores principales de este acuerdo.

 

A luchar nos llaman

Subcomandante Insurgente Moisés*

 

Hoy, nos está llamando los compañeros y compañeras del Congreso Nacional Indígena, a organizarnos para luchar del campo y la ciudad contra el capitalismo.

No nos está llamando de buscar voto, nos están llamando, nos están buscando los millones de pobres del campo y de la ciudad para organizarnos y destruir al capitalismo en el mundo

Así que no se preocupen compañeras y compañeros, votes o no votes, no es el problema, el problema se llama capitalismo, se llama explotación en que nos tienen y padecemos.

Lo que queremos y quieren los compañeros y compañeras del Congreso Nacional Indígena, es que en todo México estemos organizados campo y la ciudad y anticapitalistas.

No hay otro camino, el remedio de estas maldades que padecemos por culpa del capitalismo. Es organizarnos, eso se trata del recorrido, de llamado candidata y Consejo Indígena de Gobierno, es como una comisión que va ser su gira nacional, para llamarnos a ORGANIZARNOS.

(...)

Es una oportunidad más para escucharnos, donde juntemos la rabia digna y la sabiduría y la inteligencia, nosotras y nosotros el pueblo de México del campo y la ciudad, y marquemos nosotras y nosotros nuestro camino en donde debe de ir nuestro destino, y no que el capitalismo nos marque el camino donde debemos caminar y por donde va nuestro destino, que ya tanto hemos hablado ya de esas maldades.

(...)

Estamos buscando el camino de nuestro destino, eso es el encargo que la tienen las compañeras y los compañeros del Consejo Indígena de Gobierno y la vocera candidata independiente, tejer la organización de los pueblos originarios, tejer la decisión de eso pueblos. También los no indígenas.

(...)

Necesitamos organizarnos, no vamos a cansar de decirlo eso, porque solo es lo que nos queda, organizarse es lo que nos queda, con inteligencia y sabiduría, como los del campo y de la ciudad.

Hay mucho que decir, el porque nos tenemos que organizarnos, pero las que saben más son las mujeres y los hombres pobres del campo y la ciudad.

Sólo decimos, y les decimos tenemos que organizarnos

Por todo esto, no nos resolverá el organizar los votos, así que votes o no votes, no es el problema.

Organízate, luche y trabaje, con resistencia y rebeldía.

Organízate pueblos originarios del mundo.

Organízate ciudadanos pobres.

Nos organicemos mundo pobre.

No se olviden eso, compañeras y compañeros del Congreso Nacional Indígena.

No se olviden eso, compañeras y compañeros del Consejo Indígena de Gobierno.

No se olvida eso, compañera vocera candidata independiente, llamar los pueblos a organizarse en el campo y la ciudad

 

* Palabras del SCI Moisés en la clausura del Seminario de Reflexión Crítica “Los muros del capital, las grietas de la izquierda”. Véase versión completa en:  http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2017/04/15/palabras-del-subcomandante-insurgente-moises-viernes-15-de-abril-de-2017/

  • Publicado en Unios
  • 0
Suscribirse a este canal RSS