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Las Fuerzas Armadas, soporte de la 4t

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Las Fuerzas Armadas, soporte de la 4t

 

Todo comenzó con un desayuno. Andrés Manuel López Obrador fue invitado a desayunar por el anterior secretario de defensa, Salvador Cienfuegos Zepeda. La mañana del miércoles 22 de agosto, AMLO llegó al tercer piso del edificio central de Lomas de Sotelo, donde su anfitrión, el general Cienfuegos, lo esperaba. Dicen que, en esa reunión, después de presentarle la terna para el siguiente Secretario de la Defensa, le dio un informe detallado de los puntos conflictivos del país.
Parece que la presentación provocó tal conmoción en el recién electo presidente, que este llegó a la conclusión, de que no era viable retirar al ejército de las calles. Desde la Mara Salvatrucha, pasando por los grupos del crimen organizado, un informe detallado de los cuerpos policiacos vendidos al crimen organizado (claro sin decir nada de ellos), y un panorama de los conflictos sociales más significativos del país, en especial de los pueblos originarios y de la zona de conflicto en Chiapas (así le llaman los militares a los Caracoles zapatistas).
Dicen que finalmente, el secretario de defensa hizo una comparación con AMLO sobre el color de su piel. Que le dijo que el viene del pueblo y que el ejército es del pueblo.
AMLO salió encantado y llegó a la conclusión que ante la carencia de contar con un partido político sólido (bueno, aunque quitáramos lo de sólido, Morena es cualquier cosa menos un partido) o un movimiento social realmente organizado (bueno en este caso ni siquiera lo desea), la única estructura, corporación o institución que sería la base de su gobierno sería el ejército.
A partir de ese momento una serie de decisiones le ha quitado la parte anecdótica a ese desayuno. Más allá de lo que realmente sucedió la realidad es que, si no sucedió eso, algo muy cercano a eso pasó.
Y, esto lo decimos no de memoria sino con hechos reales.
Una vez que se aprobó la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, sin que mediara ningún tipo de licitación, le entregó a la SEDENA la tarea de construir ese aeropuerto:
“El Ejército va a construir el nuevo aeropuerto en Santa Lucía, en la base militar. Ellos tienen capacidad para hacerlo y se le están asignando ya recursos en el presupuesto, que está por aprobarse. Con ese propósito estamos confiando al Ejército la construcción de las pistas y de la terminal, y todo”. Entre otras cosas, por eso le entrego 12,670 millones de pesos más que lo que recibieron en 2018.
Luego, AMLO le dio al ejército la potestad de contratar a los conductores de las pipas que se contrataron para repartir la gasolina, en un hecho inusitado, hizo que la secretaria del trabajo, anunciara que, de repente, la SEDENA se convertía en oficina de contratación de mano de obra. ¿Por qué? Pues en la práctica esos conductores se convertirán en un cuerpo controlado por la SEDENA.
Pero, otro anuncio sorprendería aún más:
“Este nuevo aeropuerto va a estar administrado por la Secretaría de la Defensa (está hablando de Santa Lucía), desde luego, con la normatividad de Comunicaciones y Transportes; pero la renta, los beneficios del nuevo aeropuerto de Santa Lucía, van a ser transferidos a la Defensa para fortalecer las finanzas de esta institución…“.
¿Pues no que primero los pobres?
Incluso es una concesión directa no se precisa temporalidad (por 10 años, por 20, por 50, para toda la vida, hasta que el colapso nos alcance).
¿Qué compra AMLO con esa decisión? Insistimos que el ejército (ojo no la marina, pero sí el ejército), sea el sostén de su transformación de cuarta.
Al mismo tiempo y más allá de lo que diga la ley (parece que el próximo defenestrado será Ricardo Monreal por llegar acuerdos con los partidos de oposición, sobre la Guardia Nacional, que no le gustaron al presidente verde olivo) el Ejército tendrá el control absoluto de la seguridad, a través de la Guardia Nacional.
Ellos se van a encargar de su formación, de inculcarles sus valores y, sobre todo, tendrán mínimo cinco años (decimos mínimo porque AMLO ya dijo que en cinco años se verá que es necesario quitar el límite) para actuar independientemente de la Guardia nacional.
La Militarización ya cobró sus primeras víctimas del sexenio que apenas está iniciando:
Josué Olarte Barba, de 28 años de edad, fue asesinado por un grupo de militares el 6 de febrero en Nuevo Laredo. Le dispararon en la cabeza. Su familia ya presentó una queja ante la CNDH (CNDH/2/8684/2019/Q). Hasta hoy, no hay ningún militar detenido por este ataque a un civil.
Jessica Guadalupe Medrano fue detenida y torturada por militares de manera arbitraria, también en Nuevo Laredo, y presentó lesiones por arma de fuego. Ocurrió el 29 de diciembre de 2018.
¿Ha ofrecido el Ejército alguna explicación de ambos ataques contra civiles? No.
¿Ha ofrecido el comandante supremo de las Fuerzas Armadas (el presidente de la República) una disculpa a las familias ofendidas? El problema no existe para él. Quizá lo único que vaya a decir (ya que es un experto en complots) es que esos civiles fueron asesinados por izquierdistas conservadores para echar a perder sus sermones matinales
Y, finalmente, se han dado una serie de operativos coordinados por el ejército, tanto sobre huachicoleros como con aserraderos clandestinos que son intervenidos y no se detiene a nadie, porque no hay nadie. O uno cree en la magia o uno sospecha que recibieron informaciones adecuadas para huir.
En fin, los militares, esos a los que supuestamente se les iba a regresar a sus cuarteles (mientras se pedía a la gente que votaran por AMLO) ahora son los consentidos del presidente. Nunca, ni siquiera en el peor momento del gobierno de Felipe Calderón se había llegado a un punto tan grande de peso del ejército en la vida pública.
Ahora hasta empresarios aeroportuarios van a resultar