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Visiones cupulares De pensamiento sumiso y vanguardias de nada

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Visiones cupulares
De pensamiento sumiso y vanguardias de nada

Héctor R. dela Vega

Como ha ocurrido desde hace ya muchos años, en cada proceso electoral, hay quienes, con la mirada puesta arriba y a la derecha, dicen que desde el gobierno (al que confunden con el Poder) es posible acelerar los procesos sociales, y que mientras más arriba se ubiquen, más mejor. Según su anhelos, una secretaría de Estado o una curul les vendría bien para empezar.
Sin dejar de mirar en esa dirección, otros y otras se conforman, aunque creen merecer más, con puestos de segundo vuelo, de asesores (o ayudantes de asesores o ayudantes de ayudantes de asesores).
Y siempre con los ojos en las mismas alturas hay otros, eternos suspirantes, que dicen que “más mejor lo menos malo”; partidarios del “voto útil” en 2000, de banderas reversibles en 2006 y 2012, “analistas” de las coyunturas que hoy vuelven a llamar a votar por lo que está “nomás poquito” podrido.
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Hay también quienes, vanguardias autroploclamadas que no dirigen ni organizan nada, miran también para arriba (aunque dicen que a la “izquierda”) y afirman que: es posible y necesario utilizar las tribunas e instrumentos del sistema para denunciar las atrocidades del mismo, incidir en el cambio revolucionario desde las tribunas parlamentarias”, y se apuntan, tiro por viaje, para participar en los procesos de renovación de la plantilla de gatos del Poder. Su verbo es incendiario, hasta se dicen anticapitalistas, defensores de los derechos humanos y promotores de cuanta ley se les ocurre para “obligar” a que sea el propio sistema el que se autoregule... “gracias al poder de los abajo firmantes” o a los eternos llamados a “demostraciones de fuerza” ante las sedes de los poderes de gobierno.
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Desde cualquiera de los lados de la geometría política, los del pensa-miento sumiso, miran para arriba, sea a la diestra o a la siniestra, y sufren de tortícolis de tanto ver hacia las alturas, y de lumbago por practicar el arte de agacharse ante el Poder en las “mesas de negociación” con las comisiones de gobierno. La esclerosis de sus órganos de pensa-miento es múltiple, progresiva; pero, desgraciadamente, no mortal, aunque sí inútil e inutilizante.
La realidad no es algo que preocupe a los del pensamiento cupular; para los sumisos, nunca el “menos malo” ha resultado ser distinto a los “más peores” y la realidad no ha coincidido con los “iluminados análisis” de los vanguardias de nada,
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PD: Para que a los adoradores de mirar para arriba ni se les ocurra de nuevo; hagan el favor de no andar rebuscando en textos del pasado justificaciones para sus aberraciones. Las Tesis de Abril de un tal Lenin (que algo sabía de eso de análisis concretos de situaciones concretas)se llaman así porque abordan un momento específico de una situación situada en tiempo, lugar y crisis muy puntuales: Abril de 1917, Rusia poszarista y 1a Guerra Mundial... Quizá no se han enterado aún, pero estamos en pleno siglo XXI, en México y frente a una guerra de exterminio que amenaza a toda la humanidad.

 

UNAM, Febrero del año 2000
A 18 años de una lección de resistencia

 

La pregunta es obligada: ¿de dónde salieron?, fueron más de cien mil los manifestantes, en su enorme mayoría universitarios, quienes tomaron las calles ese 9 de febrero para exigir: la liberación de los estudiantes presos tras la violación de la autonomía de la UNAM el 6 de febrero y por el cumplimiento del pliego de demandas.
Tras más de diez meses en huelga se pensaría que un movimiento que había tenido que enfrentar, en este orden de aparición: a la rectoría, la represión de las autoridades (del Federal y del “democrático” del DF), a una “izquierda perredista” empeñada en negociar en las alturas un movimiento que no era de ellos y a una “izquierda incendiaria” dispuesta a hacer lo que fuera, incluso destruir al movimiento, con tal de llevarlo por caminos acordados cupularmente entre corrientes.
Y ahí estaban, tres días después de la represión a gritarle a todos ellos, les gustara o no, que el movimiento había sido de las bases y, pese a que unas corrientes pretenden hoy adjudicarse los logros, lo cierto es que, tras el 6 de febrero, ni la izquierda corrompida por el sistema ni los autodenominados “ultras” volverían a tener presencia significativa en la UNAM.
Cien mil estudiantes salieron a las calles a recuperar su movimiento y reivindicar sus logros, a gritarle a los cupulares que el mérito de lo alcanzado correspondía sólo a las bases y no a ningún iluminado.
18 años después, la manifestación de los estudiantes universitarios ese 9 de febrero, sigue siendo una lección de dignidad y resistencia. (HdelaVega)