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Marichuy en Ciudad Universitaria

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Destacado Marichuy en Ciudad Universitaria

 

Marichuy en Ciudad Universitaria

Descolonizar el pensamiento

El 28 de noviembre de 2017, el Concejo Indígena de Gobierno (CIG) y su vocera María de Jesus Patricio Martínez, Marichuy, visitaron la Ciudad de México. La sede del encuentro fue la Universidad Nacional Autónoma de México. La explanada de Rectoría fue abarrotada por al menos diez  mil personas. Hombres y mujeres, de todas las edades acudieron a la convocatoria realizada por la Red Universitaria y las Redes Metropolitanas de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno. La explanada se llenó de lonas, mantas, mesas de registro en la cuales se registraron más de 6,500 firmas de apoyo para el registro de Marichuy y de un ambiente festivo, en el que convergieron músicos, actores, académicos, intelectuales, estudiantes, obreros, vendedores ambulantes de ascendencia indígena, que además de hacer su venta, fueron llamados por compañeros y compañeras que saben que ellos también son nosotros.

El Concejo Indígena de Gobierno arribó a la Ciudad Universitaria a eso de las 3:30 de la tarde, realizando, junto con compañeras universitarias y de redes de apoyo, un acto simbólico en el lugar en el que la compañera Lesvy Berlín Osorio fue asesinada el pasado 3 de mayo. Visibilizar lo que pretende ser ocultado, es lo que distingue a la propuesta del Concejo Indígena de Gobierno. Para las autoridades de la Ciudad de México, no hay feminicidios, los culpables se vuelven las víctimas y las víctimas las culpables de ser asesinadas; se llenan la boca de equidad de género, equiparándolo a obtención de cargos públicos, pero en la dinámica cotidiana el desprecio a las mujeres es innegable.

Luego del acto simbólico, al rededor de 300 personas, hombres y mujeres de todas las edades y distintos sectores, caminaron por el circuito universitario, estableciendo dos cinturones de seguridad al rededor del Concejo Indígena de Gobierno, una burbuja integrada por aproximadamente 80 mujeres y una valla mixta al rededor de la burbuja. Este contingente se desplazó hasta la facultad de filosofía, por donde accedieron a la explanada de Rectoría. En este punto, el Concejo Indígena de Gobierno pasó al templete, montado previamente y quienes acompañaban en los cinturones de seguridad se integraron a la explanada de rectoría. Al mismo tiempo que se hacía esta caminata por el circuito Universitario, la explanada de Rectoría se pintaba de colores. Las carpas de las Redes de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno se establecieron al rededor de toda la explanada, alistándose para recibir los registros de apoyo ciudadano de los asistentes al acto, que en momentos hacían fila para hacer su registro. Al mismo tiempo, músicos y artistas invitaban desde el templete a los asistentes a registrarse, pero sobre todo a organizarse para cambiar la situación actual del país.

Entrada la tarde y mientras la oscuridad nos inundaba, desde el templete, Araceli Osorio, la mamá de Lesvy, un grupo de 3 compañeras de la Red Universitaria, los concejales y concejalas, así como la vocera del Concejo Indígena se turnaron para tomar la palabra y refrendar el mensaje que ha sido claro desde que se dio a conocer la constitución del Concejo: Organización. En palabras de Marichuy “Compañeras, compañeros. Nuestra propuesta como pueblos, naciones, tribus indígenas de este país, representados en el Concejo Indígena de Gobierno, es muy sencilla: estremezcamos juntos a esta nación, rompamos con las inercias viciadas que nos mantienen divididos, descolonicemos el pensamiento capitalista individualista y patriarcal para que podamos germinar y florecer los pueblos del campo y la ciudad y, con ello, florezcan también las ciencias y las artes al servicios de todas y todos en lugar de servir a las trasnacionales”.

Más allá de la dinámica electoral en la que los medios de comunicación y muchos partidistas pretenden encasillar la iniciativa del CIG, ya sea de cuántos votos juntan o bien, acusando al Concejo de dividir a las izquierdas y de ser un movimiento manipulado por un personaje, esta iniciativa es la única que mira al país desde otra lógica, no en votos, no en recursos económicos, no desde pretender administrar el poder, sino desde la vida. No es un discurso romántico/poético, como muchos acusan al Concejo, es una realidad; el sistema capitalista está acabando con la vida tal como la conocemos; como lo mencionan los compañeros del EZLN, no es que quieran aniquilarnos (aunque hay territorios, países completos que sí están siendo aniquilados, ahí está Palestina) a toda la especie humana, sino que acaban con las formas de ser de las personas, con las costumbres de los pueblos, con las preferencias, con las aspiraciones de los jóvenes, con la vida de las mujeres, con los sueños de los viejos, con el tiempo de padres y madres para los hijos y con el futuro de éstos; pero nada de lo anterior puede verse si el nivel de debate y del discurso gira en torno a las elecciones y al nuevo iluminado que cambiará las cosas en el país.

 

Fuera de los eventos multitudinarios como el del pasado 28 de noviembre, se aspira a la construcción de organización en las calles, barrios, colonias, pueblos. El llamado del CIG tiene que ver con la defensa del territorio. En el caso de las ciudades es necesario visibilizar dónde está el capitalismo; éste se ha filtrado a todas las relaciones humanas y en todos los lugares, en las colonias adineradas y en las colonias con altos índices de pobreza, ahora se trata de ver cómo funciona y cómo se puede oponer una resistencia a esto. Si es la gentrificación, si es la delincuencia organizada en los partidos políticos y el aparato represivo del Estado, si es mediante altas tarifas de luz, agua, si es el verticalismo de la clase gobernante y la imposición de reformas sin consultar a quienes sufrirán sus consecuencias. Es decir, es necesario organizarnos, echar palabra, para visibilizar el funcionamiento del capitalismo en nuestro entorno, para encararlo, no violenta, sino organizadamente y desde abajo.

Esto es, para acabar con el poder de arriba, este tiene que ser minado desde abajo, construyendo formas paralelas, alternativas, que no dependan del poder de arriba, no sólo que lo desconozcan, sino que no lo necesiten, hasta que éste llegue a la inexistencia. Es por eso que el CIG no pretende tomar el poder, sino crear un poder, no como poder-vanguardia, sino como poder surgido de la organización de nosotros, con respeto pleno a las formas organizativas y de decisión de cada colectivo o comunidad, contra el poder de los poderosos, de los que compiten para acaparar y con ello destruyen la vida. Entonces, no se trata de llegar a la presidencia compitiendo en el mismo sistema electoral y bajo la lógica partidista, sino de crear organización desde nosotros, en colectivo.

Si se escucha lo que menciona el CIG por donde pasa y la palabra de Marichuy, la vocera, llaman a la organización y visibilizan las luchas del lugar en el que estén, la forma en la que el capitalismo opera en el mundo y específicamente en el lugar en el que están. Algunos se preguntan “¿y por qué no escucho en sus discursos (del CIG) ninguna propuesta para cambiar al país?” porque las propuestas no saldrán de un iluminado o iluminada; ni siquiera si hubiera propuesta, con el hecho de mencionarla solucionaría algo, porque es imposible si ésta no nace de una construcción colectiva.

En lo anterior radica uno de los elementos trascendentales de la propuesta del CIG y una lección de los pueblos, caminar preguntando ¿es increíble? muy seguramente cada persona de la Ciudad de México tiene clara alguna problemática de su comunidad, sin embargo la solución a ésta la delega al Estado, la delincuencia a la policía, la educación a la SEP, los baches a la delegación y la economía del país al presidente y a su séquito. Si pensamos cada uno de los ejemplos anteriores notaríamos que la policía está vinculada a la delincuencia, que a la SEP no le interesa la educación, sino sujetos conformistas, alienados al mundo tal cual está, que la delegación bachea cuando se vienen los tiempos electorales y sólo se valen de los recursos para ser votados otros 3 años; finalmente que el presidente y su séquito están entregados al capital financiero mundial, es decir son los administradores del país. Trascendiendo las críticas ¿sería posible hacer nacer soluciones desde NOSOTROS? Los pueblos indígenas han experimentado la conformación de policías comunitarias para brindarse seguridad, en Oaxaca, Chiapas y Michoacán tienen planes de estudio propios, basados en las necesidades de las comunidades y no del mercado mundial; en los pueblos utilizan las asambleas para resolver sus problemáticas (sin ser la solidaridad un botín político sino un acto para el bien de las comunidades ¿si se trabaja en común abajo, se necesita un arriba dominante? No es que se pretendan imponer esas formas organizativas, sólo son referencias de que es posible construir un mundo distinto desde la organización.

Organización no es organizar un festival, tampoco es que no lo sea. Organización tampoco es llamar a registrarse para que el nombre de Marichuy aparezca en las boletas electorales. Ambos actos son el reflejo de una organización mayor, que tiene los objetivos claros y avanza valiéndose de estrategias consecuentes (no de alianzas o frentes para conquistar el poder) con las aspiraciones, partiendo de que la izquierda es la que aspira al bien común y que crea poder popular sin pretender sacar beneficio de ello ¿Por eso decimos que ni PRD ni Morena son de izquierda? efectivamente, ambos partidos dicen que para cambiar las cosas en el país primero tienen que ser poder y luego, ahora sí, cambiarán las cosas, primero lo primero pues. Para ellos hay que estar arriba, para cambiar abajo. Para el CIG está claro que tiene que cambiar el arriba, desaparecer, para que el abajo viva. Es más, el CIG tiene un concepto del arriba que ningún partido menciona (no por ignorancia claro, sino porque perderían capital político, que ya no es la credibilidad de la población, sino de los banqueros), el arriba real es el capitalismo.

Mientras el CIG recorre el país, quienes nos sumamos a la iniciativa echamos palabra con quienes se acercan a nuestras mesas de registro, nos escuchamos, invitamos a reunirnos, a organizarnos. También se refuerzan los vínculos con colectivos y organizaciones ya constituidos, tan necesarios para enfrentar la tormenta sobre la que avisan los compas del sureste mexicano; sin embargo, falta mucho para acabar de constituirnos como una organización capaz de enfrentar al capitalismo, pero ésta va creciendo; es por eso que la iniciativa del CIG vale la pena y va logrando estremecer a la nación.

De ahí que el llamado a organizarse tiene mucho sentido, el llamado a desmontar el poder de los de arriba desde la rebeldía y organización de abajo, construir un nuevo mundo partiendo de la palabra colectiva, no son frases huecas, sino posibilidades que nacen del nosotros colectivo; como pintaran los universitarios en una manta que cruzaba el templete en uno de los muros que quedaban arriba de éste: “Venimos a hablar de cosas imposibles porque de lo posible se ha dicho demasiado”. Al final la Rectoría se fue desalojando, quedando sólo el recuerdo de 1968, de la huelga de 1999, de la presencia del EZLN y ahora del Concejo Indígena de Gobierno; hoy es importante que la memoria se materialice en acción colectiva organizada.

 

Jesús Cuellar T.