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La participación política de la mujer

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La participación política de la mujer
Trascender el género para organizarse abajo 
y a la izquierda

Colectivo de Profesores en la Sexta*

Históricamente la participación política de las mujeres se ha situado en muchas vertientes, de manera individual o colectiva, desde la radicalidad o desde posturas más orientadas a la lógica del sistema, no obstante en cualquiera de los escenarios donde las mujeres han ejercido políticamente, el género constituye un paradigma.
Sylvia Marcos puntualiza en torno a dos vertientes de estas luchas féminas, por un lado los feminismos que dan prioridad a los derechos de las mujeres sin importar las diferencias de clase y perspectivas culturales o étnicas; y por otro lado aquellos grupos feministas que luchan por los derechos de los desposeídos y los reivindica, si es necesario al “margen” de los derechos de las mujeres.
Sin profundizar en estas dos dimensiones de las luchas feministas, bien puede ser el punto de partida para analizar, cual podría ser la participación política de las mujeres en torno a una candidatura indígena que postulará a una mujer en calidad de vocera de los pueblos originarios para participar en la candidatura presidencial del año 2018.
Considerando como punto de partida las dos vertientes mencionadas anteriormente, podemos señalar que la vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) ni representa ni se ubica en una postura de la defensa de las mujeres, tampoco representa una lucha que desde el género busca la emancipación de los desposeídos, la propuesta del Congreso Nacional Indígena trasciende el género y nos ubica en la lógica de un movimiento anticapitalista y antisistémico que sin duda nos convoca a todos, todas y todoas.
Aunque si bien es cierto que la mujer ha sido soslayada por las políticas y morales del sistema capitalista, el género legitima una categoría que el sistema ha impuesto en las relaciones de poder, al respecto Sylvia Marcos1 y María Lugones señalan que en los pueblos originarios no existe la dicotomía jerárquica que engloba al género, en donde se suscribe la superioridad de un género sobre otro.
Una vocera del CIG representa una provocación frontal al sistema capitalista, que va más allá de la exigencia de intereses de género, es una provocación epistémica que rompe la lógica de género desde la colonialidad. Es decir, de la colonialidad entendida como fenómeno histórico que opera a través de la naturalización de jerarquías raciales, culturales y epistémicas, posibilitando la producción de relaciones de dominación, como lo plantea.
Esta provocación epistémica radica en la confrontación de los argumentos que favorecen la lógica de la participación política desde la ciudadanía, el partidismo y la democracia que promueve la clase política y que invisibiliza en la práctica las demandas de los y las explotad@s, reprimidos, despojados y despreciados versus la construcción teórica de la subalternidad, que sostiene, desde el planteamiento original Gramsciano, la búsqueda de un correlato conceptual en la alienación a nivel de la superestructura.
En este sentido podríamos entender el género como un elemento de la alienación que desde la superestructura se ha impuesto, a través de una lucha antagónica en donde el género contrario es el enemigo-opresor y no el sistema que somete en estas categorías a los seres humanos encerrándolos en una dicotomía de pugna y de poder.
Identificarse empáticamente desde el género con la vocera del CIG, implica que se corra el riesgo de no comprender que lo que se pretende es evidenciar la lucha de clases, en donde sin duda existen más elementos que nos hacen iguales entre hombres y mujeres, es decir reconocernos como desposeídos, despojados, explotados, excluidos.
Es también importante mencionar que las mujeres han dado grandes ejemplos de lucha y resistencia, que han sido unificados precisamente por el reconocimiento de las otras no desde el género sino desde un factor común, ya sea desde el sufrimiento hasta la defensa de sus pueblos.
Se trata del sufrimiento de las madres de Plaza de Mayo por la desaparición de sus hijos, así también como las madres de los cuarenta y tres normalistas desaparecidos, las madres de las mujeres que han muerto en feminicidio; o las kurdas que luchan por la conservación y el futuro de su etnia, o la defensa de las mapuche en contra de las trasnacionales. No obstante, es importante mencionar que el género que constituye una categoría que legitima el poder, es un factor que invita a congregarse y converger desde fuera, en el entendido que el único paliativo que mueve las luchas feministas es el interés de mejorar las condiciones de un sector social, sin embargo las resistencias femeninas que han perdurado pese a la doble ignominia que sufren, primero por protestar y segundo por ser mujer, se han conservado pues les mueve lo interno, lo entrañable, el amor a sus seres queridos, es decir se lucha desde el corazón, desde dentro, donde el género es trascendido, donde el reflejo del espejo nos deja ver todas las rabias y todos los corazones, donde las resistencias se hacen inquebrantables.
Sin embargo, estas luchas, no corresponden en sí mismo a una agresión de género, sin dar menor importancia a las agresiones que históricamente conocemos en contra del género y sin olvidar que uno de los factores que coadyuvan directamente al hostigamiento de las mujeres es la idea de inferioridad que el cristianismo y la iglesia católica han concedido al género como una condicionante de la existencia y participación en la sociedad, luego por otro lado el neoliberalismo ubica a la mujer en una categoría de marketing obligándole a mostrar sus grandes pechos y exuberantes caderas para vender un determinado producto, pero censurando los pechos de las mujeres que amantan a sus hijos como una muestra de los muchos ataques rotundos del sistema capitalista a la vida y a la humanidad.
La organización de las mujeres en torno a un determinado movimiento de resistencia pacífica o no, trasciende más allá del género y se ubica más bien en la clase social, en este sentido la empatía con la vocera debe trascender el género y ubicarnos en el reconocimiento de todas las rabias femeninas que desde abajo se han organizado en torno a alguna desventura propia de su clase social y que sin duda es generada desde el sistema.
En esta lógica, de la aberración sistémica en contra de las mujeres, sería importante que aquellas mujeres que no precisamente sufren las inclemencias de la clase social, reflexionaran en torno al reconocimiento de las mujeres de abajo, pero también de reconocerse como parte de esa histórica agresión, dudamos mucho que Josefina Vázquez Mota tenga idea de esto pues su discurso es totalmente paternalista, además promueve una falsa emancipación del género, emancipación al servicio del capital.
Al respecto podemos enunciar lo que Macleod2 refiere en torno al enfoque de género del Banco Mundial, el cual promueve que las disparidades persistentes de género afectan a la eficiencia y crecimiento económico, de aquí que las luchas desde el género no representan en sí una propuesta anti sistémica o anticapitalista, pues de esta forma se potencia la igualdad de género y la participación de las mujeres desde una lógica patriarcal de mercado. (y del seudoigualitarismo burgués del “ciudadano”individualista, es decir sin clase, etnia y género.)
No así con la vocera del CIG, que representa toda la digna rabia de hombres y mujeres excluidos, despreciados, reprimidos y explotados históricamente; y que han decidido confrontarse con el sistema desde lo colectivo, para que este no siga exterminando y desdeñando su Historia y sus conocimientos, que han sido menospreciados, entendidos en la lógica de la colonialidad como inferiores e inexistentes.
La propuesta del Congreso Nacional Indígena (CNI) nos da mucho para repasar teoría y también debe servir para impulsar nuevas practicas, para seguir aprendiendo a organizarnos, para construir un mundo donde quepan todos los mundos, uno por ejemplo donde hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas y otroas, vivan sin el estigma de tener una etiqueta de identificación, un mundo donde todos seamos reconocidos y valorados por el hecho de ser seres humanos, entonces tendríamos que combatir al sistema capitalista desde abajo y a la izquierda, pues es justamente quien ha favorecido la deshumanización atentando siempre en contra de la vida, cometiendo el feminicidio mas grande de la historia en contra de la pachamama.
Entonces allí, donde día a día tengo que mirarme al espejo, veo más que un genero, veo lo que pasa en mi barrio, en la ciudad, en el campo, en el mundo. Veo a todas, veo a todos, veo a todoas, pues no se es, como dijo el sub Moi, más que en el colectivo, es lo que nos hace grandes y fuertes; veo entonces en el espejo un feminismo colectivo, me siento fuerte y el corazón me crece, te veo a ti, y espero que nos miremos y nos crezca el corazón y la digna rabia cuando nos encontremos en tu reflejo en el espejo
* Esta ponencia, redactada fundamentalmente por las profesoras Itza Jacobo y Elideth Jiménez, integrantes del Colectivo de Profesores en la Sexta, fue leída en la mesa “Las mujeres, su participación política y la candidata indígena” en el evento organizado por ese colectivo en apoyo al CNI el pasado 29 de abril y recoge las posiciones del colectivo convocante.

Notas:
1 Sylvia Marcos. Mujeres indígenas, rebeldes, zapatistas. México, 2013. Ediciones EÓN.
2 Norma Macleod.”Género, análisis situado y epistemología indígenas: Descentrar los términos del debate”. En Leyva Xochitl (coord.). Prácticas otras de conocimiento(s) Entre crisis, entre guerras. México, 2015. La casa del mago. pp 32-58.