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La corrupción es sistémica NO tiene cura

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La corrupción es sistémica
NO tiene cura

No tienen remedio
En días pasados se ha hecho evidente un viejo secreto a voces: los políticos profesionales son mega tranzas, utilizan el dinero público para su beneficio y el de sus cuates. Se cubren unos con otros, se enriquecen a grado tal que son considerados como jeques árabes en las Vegas.
Sus hijos y familiares se dan vida de príncipes, consideran un derecho a vivir en la abundancia, como decía la mujer de Javier Duarte a sus detractores. Pues faltaba más, habían sido bendecidos por el dedo divino del poder fáctico y su única preocupación era colocar el dinero de los salarios de profesores o médicos en algún negocio inmobiliario en Campeche o en Miami. No importa, lo que sea más redituable.
Pueden ser senadores o diputados, dirigentes sindicales y tener ingresos tales como para que hijos paseen por Paris o Dubai y viajen en autos de súper lujo. No importa que sus agremiados no tengan ni para comer o que con los ajustes neoliberales hayan perdido la chamba. Nada de eso importa, solo que ellos y sus cercanos vivan bien, mi buen.
El premio mayor se lo llevan los gobernadores, de todos los partidos. No sólo los que ahora aparecen como los más grandes ladrones del presupuesto público, sino todos y cada uno de los que han pasado por la maldición del dinero y las ganancias que da la administración del poder público, para beneficio de los que verdaderamente mandan: los barones del dinero, dueños de los grandes consorcios empresariales y mandones de los negocios oscuros: narco, trata de personas, bares y ahora los huachicoleros.
Grandes próceres de la corrupción han engrasado las filas de la institucionalidad oficial sea esta priísta, panista, perredista e incluso ahora morenista. Desde Ángel Aguirre en Guerrero, hasta Javier Duarte en Veracruz, pasando por Padres en Sonora. Y ni qué decir del jefe de todos hoy titular de un disminuido poder ejecutivo, que ha destinado cantidades increíbles de dinero para mantener el poder en su tierra natal, fuente del poder económico y político de su grupo de poder.
La corrupción y la impunidad no quedan solo en los cargos de elección popular, se extienden a toda la estructura administrativa del gobierno federal, estatal e incluso municipal. No importa el cargo en todos los lugares se busca beneficiarse de lo que tienen, así vemos como desde un simple inspector de vía pública talonea al comercio informal para llevar dinero a sus bolsillos y a los de sus jefes. Así se escalan las tranzas y cochupos de acuerdo a los niveles del cargo que ocupa. Desde un simple permiso hasta las licencias para construir un mega desarrollo.
No se abren escuelas, ni centros de salud pero sí proliferan antros, chelerías y todo tipo de negocios de altísimo impacto. Claro, siempre para el beneficio de los que están en los puestos públicos.
Los negocios como el robo de gasolina a los ductos de Pemex son sólo una muestra de la profunda corrupción del sistema. Funcionarios de la empresa, líderes sindicales, caciques locales, todos en un mismo objetivo: saquear los bienes de la Nación.
Pero este robo, es apenas una minucia al robo que hacen los que hoy despachan en los Pinos en beneficio de sus verdaderos patrones los grandes empresarios petroleros internacionales.
No tienen remedio, no van a cambiar ni a revertir el curso insaciable de ganancias que tienen. Por eso pasan de ser diputados a munícipes, o a otros cargos. El objetivo es estar siempre en el centro de las oficinas que deciden las obras y servicios a las comunidades.
Todo esto pasa por la simple razón, como bien dicen los compañeros zapatistas, de que el Estado, como espacio del poder público en beneficio de la sociedad ha muerto. Hoy lo que tenemos es un grupo de ladrones que se pelean por demostrarles a sus verdaderos amos que son los indicados para administrar el erario.
No tienen remedio y nosotros cada vez tenemos menos tiempo para evitar que el país se vaya al caño de la desgracia.
No hay de otra, o los sacamos de sus salas de poder y confort y los llevamos a juicio por los múltiples agravios a nuestro pueblo, o ellos y ellas van a terminar con nosotros y el país.