... Por la organización autogestionaria, la autonomía, la rebeldía y la resistencia, por la solidaridad y el apoyo mutuos y por la construcción de un mundo con democracia, libertad y justicia para tod@s.

Log in

Argentina ¿Fin de un ciclo o de una quimera?

  • Escrito por 

Nuestra palabra.

Argentina
¿Fin de un ciclo o de una quimera?

La derrota electoral en Argentina del Kirchnerismo, que no del peronismo ya que el que ganó es otra versión de esa misma corriente populista profundamente reaccionaria, ha sido analizado por varios intelectuales (Boaventura dos Santos. Immanuel Wallerstein, entre otros) como el inicio del fin del ciclo progresista en América Latina.
La realidad, sin embargo, es más compleja. La derrota del kirchnerismo no es sino la continuación de un proceso que lleva ya algunos ayeres. Se inició con los golpes de Estado en Honduras y Paraguay, que evidenciaron lo que era obvio para quien quisiera verlo, se trataba de dos regímenes sin apoyo de bases significativo y desde luego sin ningún tipo de representación social autónoma. Por eso las reacciones frente a los golpes, que no fueron para nada sangrientos, fueron nulas.
Luego siguió la derrota del presidente Correa de Ecuador enlas ciudades de Quito, Guayaquil y Cuenca (las tres más grandes), con lo cual “la revolución ciudadana” comenzaba a ser cercada.
Luego, en Bolivia se perdió, Santa Cruz (lo cual no es raro, tomando en cuenta que ha sido un bastión oligárquico de siempre), pero también La Paz y, sobre todo, El Alto (ciudad en la que surgieron los movimientos populares que tiraron al gobierno proimperialista y fueron la base esencial de la llegada de Evo Morales a la presidencia).
La permanencia de la señora presidenta de Brasil está en el límite, no tan sólo por la corrupción reinante (los principales cuadros históricos del Partido del Trabajo, José Dirceu Y José Genoíno están en la cárcel por ese motivo) sino porque se está viviendo una de las peores crisis económicas de la historia de ese país (hasta ahí llegaron los sueños del BRIC, concepto engañabobos que rápidamente ha demostrado que no era más que la representación de una ilusión y no una realidad).
En Venezuela, Nicolás Maduro, y con él todo el chavismo, perdieron abrumadoramente las elecciones legislativas. Con lo que el carácter antidemocrático de ese gobierno se recrudecerá y buscará gobernar mediante decretos.
Los intelectuales chambones y haraganes del populismo latinoamericano (Sader, Stenisleger, Codas, por mencionar algunos) han encontrado dos explicaciones para la debacle:
1.- “La crisis es producto de los medios de comunicación que han jugado a fondo para desestabilizar al país”.
2.- “La mejoría en el ingreso convirtió a millones de proletarios en clases medias (esta idea no tiene desperdicio, es una estupidez total) y ahora se han comportado como unos desagradecidos que no saben besar la mano que les dio de comer”.
Lo que nadie dice es que existe una relación entre la profunda incapacidad, para ir más allá del sistema capitalista, que han evidenciado estos gobiernos, lo mismo que el uruguayo, y solamente se han dedicado a administrar el capitalismo de manera completamente ineficaz.
Porque no se puede explicar de otra manera que con la renta petrolera de Venezuela haya escasez de papel de baño. Cualquier economista, no muy brillante pudo aconsejar al señor Maduro, ya no digamos a dar pasos serios en la construcción del socialismo sino a hacer una política de sustitución de importaciones en el marco del mismo capitalismo, creando un sector industrial estatizado fabricante de los viene salarios (o sea de los productos de primera necesidad). Pero en lugar de eso se han dedicado a saquear las arcas del Estado y a robarse la renta petrolera, entre la familia de él, la de Chávez (su esposa detuvo la partida del avión del Justin Bieber, para que su hijita, la más péqueña, pudiera darle un beso y tomarse la foto con él), y la del señor Diosdado Cabello (quizá el peor de todos).
No, no se trata del fin del ciclo de los gobiernos progresistas sino el de una quimera.
Y ahora ¿que nos dirán todos esos que abandonaron los principios de sus corrientes revolucionarias, en especial los trotskistas, para irse atrás de ese espejismo?
¿Tendrán la modestia de reconocer que se equivocaron, que no debieron abandonar sus principios?
Claro que es indispensable construir la teoría y la práctica del socialismo del siglo XXI, pero esas no vendrán de suspirar por la defensa de una Estado y una burguesía nacional, no sólo incapaces sino, sobre todo, inexistentes.
La llamada derecha hizo su trabajo, y es absurdo pedirle que actúe de otra manera. El problema no es qué hacemos con la derecha, a esa ya la conocemos, el problema es una izquierda que en sus ansias por dejar de ser marginal se inserta en una aventura que, desde el inicio, estaba cantada que iba al fracaso. En fin, que cada quien saque sus lecciones. Ya no hay mucho para dónde hacerse. Hay un abajo y a la izquierda; y un arriba y a la derecha. Desde esa segunda geografía se pueden hacer muchas piruetas y malabares hacia la izquierda pero al final siempre se cae en el tinglado de arriba y a la derecha.