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Reflexiones sobre el Encuentro de mujeres que luchan

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Reflexiones sobre el Encuentro de mujeres que luchan

Hasta ver las cenizas

 

Itza Jacobo

 

Del reciente encuentro de mujeres que luchan, celebrado los días 8, 9 y 19 de Marzo en el caracol Morelia; es importante repensarnos desde una frase de las palabras de clausura del evento: “COMO YA LO VIMOS Y ESCUCHAMOS QUE NO TODAS ESTÁN CONTRA EL SISTEMA CAPITALISTA PATRIARCAL”. A partir de esta afirmación de las compañeras zapatistas, podemos empezar a formular ciertos cuestionamientos para direccionar una visión, sino totalmente, sí, lo más objetiva posible sobre el encuentro.

Podríamos comenzar, previo a generar las preguntas, que la vox populi se inclinó por concebir el encuentro como un espacio exclusivamente de mujeres, un espacio donde se advirtió, por parte de las compañeras zapatistas; no se viene a competir, a ver quién es la más buena o la más bonita. Aquí, “no hay ningún hombre que te diga como debes ser”, además agregaron las compas: “tampoco venimos acá a echarle la culpa a los hombres”.

¿Contra qué o quién se lucha?, ¿Por qué se lucha?, ¿Quién o cuál es el enemigo de la mujer? Considerando los planteamientos marxistas de la dialéctica, ese ímpetu de confrontar al hombre y buscar el empoderamiento del género femenino, es entendible y radica justo en la relación del oprimido y opresor, o sea, esta postura femenina de erradicar la figura masculina es la respuesta a esa aberrante opresión patriarcal.

Sin embargo, cuando las mujeres luchamos, podríamos aprender mucho de las compañeras zapatistas para replantear y organizar nuestra lucha. En el entendido de que la lucha feminista, podría ser más basta y definitiva si no buscáramos generar un antagonismo pero no contra el machismo sino contra los hombres en tanto género, es decir, el empoderamiento de un género frente a otro.

El llamado de las compañeras zapatistas es claro, debemos luchar por la vida. Entendiendo que, en efecto, el machismo es una forma de represión de la vida no sólo de las mujeres, sino de sus hijos (hombres o mujeres); sustentado en la lógica de la propiedad y, desgraciadamente, legitimado culturalmente por algunas instituciones de índole patriarcal como la Iglesia y el Estado “benefactor” ahora inexistente.

En las batallas siempre hay un vencido, de allí que un principio zapatista sea convencer y no vencer. Vencer, determina que alguien tiene el poder y lo puede ejercer contra otro.

Luchar contra el hombre, ¿daría una franca victoria al sector femenino? ¿En que terreno debemos vencer, en el productivo, en el económico, en el público? Quizá esto seguiría garantizando que el sistema capitalista se mantenga a flote, sólo que con actores de genero distinto.

Lo anterior determinaría que la lucha de las mujeres se encause a posicionarse dentro del sistema capitalista a la vanguardia de la producción en todo ámbito, llámese privado, publico, económico, familiar, etcétera. No obstante que el sistema siga lucrando con los recursos naturales(despojando, explotando, discriminando, despreciando) traficando humanos para vender sus órganos, patentando productos chatarra y, por supuesto, utilizando el cuerpo de la mujer como una mercancía que se ofrece como atractivo visual y que es símbolo del empoderamiento del macho que debe merecer una mujer con semejantes senos y caderas.

El mayor aprendizaje que pudimos adquirir de este encuentro, es la necesidad de vivir para luchar; como lo han hecho las compañeras zapatistas, que convocaron a las mujeres de los caracoles no por discriminar a sus compañeros hombres, sino por autoproclamarse autónomas, por desafiar lo que el sistema patriarcal indica, para autodemostrarse que la mujer puede organizarse colectivamente para convocar , pero reafirmando que en su organización y lucha sus compañeros no mandaron ni ordenaron, pero si apoyaron cuidando la tierra, a sus hijos y estando al pendiente de los caracoles.

Este encuentro es una muestra de la resistencia de los pueblos originarios, de las mujeres que históricamente ha sufrido la embestida de la hidra capitalista: la mujer indígena, que a diferencia de muchos hombres y mujeres, no logramos entender que el verdadero enemigo no es ningún ser humano; el enemigo es el sistema capitalista que te indica tus roles de género y que te orilla a cumplirlos muy a tu pesar o no, pero que se ha colado intrínsecamente en tu ser para colocarte en una constante competencia, condenándote a ganar no importa el costo de ello.

Dijeron las compas, que no debemos dejar que la luz la extingan los capitalistas neoliberales, que la llevemos a las presas, a las violadas, a las asesinadas, a las migrantes, a las muertas, a las explotadas. ¿Cómo? Prendiéndola en tu corazón, en tu cabeza y en tus tripas, aunque todo este obscuro, porque, como decía el viejo Antonio, del carbón viene la luz.

Si la luz, la encendemos las mujeres es bueno, si también la encienden los hombres, es mejor, no olvidemos a los hombres que al luchar contra el capitalismo patriarcal luchan no “por nosotras” ni “en lugar de”, sino con nosotras.

La lucha por la vida es la lucha por la humanidad. Nosotras las mujeres que somos semilla de la humanidad, vivamos luchando por los que vienen, nietos, nietas, hijos, hijas, por todos, por todas y por todoas. Que la  luz incendie el sistema capitalista, no descansaremos hasta ver las cenizas.