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Apuntes para la discusión Sobre la guerra y la economía política

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Apuntes para la discusión
Sobre la guerra y la economía política
Rosa Albina Garavito Elías*

Antes que nada quiero felicitar la aparición de la editorial Pensamiento Crítico. Mejor nombre no podía tener. Para que el pensamiento lo sea, como búsqueda de la verdad, ha de ser crítico. El pensamiento crítico no cosifica la realidad, la ilumina y la transforma. ¿Cómo? poniendo el concepto delante de la cosa. Si el concepto no logra explicar la realidad, entonces peor para el concepto. No peor para la realidad, como, entre otras,  dicta la economía neoclásica en boga.

Así pues, me tomé en serio el nombre de esta nueva editorial, puse algunos conceptos de frente al fenómeno que tratan de explicar, esto es el capitalismo actual, y me parece que hay que rediscutirlos a la luz de esa realidad. No del concepto mismo, pues no se trata de hacer ideología, sino teoría, como es la propuesta de estas reflexiones, hechas por Marcos entre 1997 y 2011, compiladas y prologadas de manera sistemática por Sergio. Bienvenida sea la editorial, y bienvenida sea la invitación a discutir lo que en este libro se ofrece. Sobre todo en este desierto de ideas y de discusión teórica en que se convirtió la izquierda mexicana desde hace muchos años.

Primer apunte para la discusión
Sobre la “Tercera Guerra Mundial”

“La llamada Guerra Fría fue en realidad la Tercera Guerra Mundial, y esta se libró entre el capitalismo y el socialismo, liderados por los Estados Unidos y por la URSS.” Sobre esta tesis de Marcos digo lo siguiente: no se puede avanzar en la construcción de un mundo donde quepan todos los mundos, con tesis que estuvieron en la base del dominio stalinista sobre la organización y las luchas de los trabajadores en el siglo XX, antes de la caída del Muro de Berlín. No se puede hacer caminar al mundo por la ruta de la autonomía, de la libertad, de la dignidad y de la justicia, mientras se siga sosteniendo que la URSS fue  la alternativa socialista en el mundo capitalista de entonces. ¿Socialista la URSS? ¡Al contrario! La URSS cumplía, como decía Engels, con el sueño de todo capitalista: ser el único. En la URSS lo hubo y fue el Estado. No había propiedad privada de los medios de producción, porque la propiedad era estatal, pero no social, no comunal, como la tierra y los medios de producción en los territorios zapatistas. El Estado era el propietario de los medios de producción para seguir explotando a los trabajadores. ¿Y acaso la relación social del único propietario del  capital, el Estado, con los trabajadores no era la relación asalariada?, ¿no era la  relación capital trabajo? Sí y además sin libertad política. Explotación y opresión. ¿Era esa la opción al mundo capitalista? ¿Continúa  siendo? ¿También los gulags? ¿La persecución contra todo disidente? ¿Siberia? ¿O acaso son inventos? Mientras se continúe con la quimera de que aquello fue socialismo; más tardaremos en desarrollar la teoría que nos arme de claridad y entendimiento para luchar contra el capitalismo salvaje de hoy. Más vale hacernos cargo de la brutal realidad de que el socialismo aún no se conoce sobre la faz de la tierra. Sí esfuerzos fallidos por lograrlo. Y otros esfuerzos prometedores como la experiencia zapatista en sus territorios liberados.

En esa llamada Guerra Fría, lo que sí hubo fue una despiadada guerra política contra las clases trabajadoras del mundo para aplastar cualquier afán de emancipación. Para empezar, contra los trabajadores de EUA con la férrea persecución del macartismo. En México con el control corporativo y con la abierta represión;  y los del resto del mundo con sus distintas modalidades. Los del resto del mundo incluyendo la URSS cuyo gobierno vendía la patraña de que ese bloque era ya el socialismo. Excelente coartada para reprimir cualquier iniciativa de organización libre de los trabajadores. Muy semejante por cierto al caso de México. Quizá porque la mexicana y la rusa fueron las revoluciones sociales de vanguardia en el siglo XX. Mientras la tradición bolchevique rusa fue ahogada en el stalinismo, la obrera y popular en México lo fue con el régimen de partido de Estado. Sobre cómo disolver ese régimen mucho hemos aprendido del zapatismo, del de inicios de siglo y del que se hizo presente en 1994.  Y siguiendo con el paradigma ruso y mexicano en la llamada Guerra Fría: ausencia de libertad política y social pero mejoras económicas significativas para el proletariado. El Estado de Bienestar desarrollado de acuerdo a las condiciones históricas de cada país.

Segundo apunte para la discusión
Sobre la Cuarta Guerra Mundial

 La tasa de ganancia se derrumbó a nivel mundial a finales de la década de los setenta y el mal llamado neoliberalismo fue la violenta receta para su recuperación. Y a la basura, en distintas velocidades, fueron a dar el salario, la seguridad social, la estabilidad laboral, los derechos de huelga, de contratación, de organización. En México rapídisimo, gracias al control corporativo y fascistoide del Estado mexicano sobre las organizaciones sociales. De lo que hoy se sorprenden los trabajadores europeos, en México lo vivimos desde los ochenta. Y en esas estamos. Sufriendo las consecuencias de una larga derrota obrera a nivel mundial. Tanto que ahora se enmascara como relación mercantil la relación laboral. Los zapatistas se pusieron máscaras para que los vieran; a los asalariados modernos los enmascaran para intentar desconocer la relación capital trabajo.

¿Es esta una guerra?  Sin duda. Una violenta guerra económica. ¿Están en el centro de la misma, además del desmantelamiento de las conquistas obreras del siglo XX, la expansión capitalista hacia nuevos territorios? Sin duda. Es el proceso de acumulación originaria que se renueva, pero que no es privativo de esta época, sino parte incesante de la rueda histórica de la acumulación capitalista a nivel mundial. Los pueblos indígenas en Chiapas saben de lo que se habla con esa lucha por el territorio. Y quienes no vivimos ahí, sabemos el valor de la resistencia a la entrada del capital en esos preciosos y ubérrimos depósitos de recursos naturales.

Vivimos en la Globalización, ciertamente bajo la hegemonía del capital financiero, que desde 2008 tiene sumido al capitalismo en una larga crisis mundial. Lo que no entiendo es, ¿qué agrega llamarla Cuarta Guerra Mundial? Porque además, en distintas modalidades el capitalismo se ha expandido a sangre y fuego a lo largo y ancho del planeta y desde sus primerísimas  etapas. La guerra va de la mano de la expansión del capital. La guerra militar y la guerra económica. Sólo habrá paz cuando hayamos disuelto al capital como relación social. ¿Falta mucho para verlo? ¡Sin duda! Pero más largo será el camino si llenamos nuestras bolsas de resistencia de conceptos poco útiles para develar la verdad.  Porque como dice Marcos: el problema es que la realidad no sabe de teoría. ¡Así que menuda tarea tenemos enfrente!

¿La destrucción del territorio y el despoblamiento como característica de la Cuarta Guerra Mundial? ¿Sólo en este período? Y ¿de qué ha estado hecha la expansión del capital desde sus orígenes? El proceso de acumulación originaria es un proceso permanente, con tal voracidad que sin resistencias como la del EZLN, no encontrará fin hasta que el capitalismo termine por desaparecer al planeta mismo.

¿La Guerra un nuevo factor que sobredetermina al resto en la expansión del capital? La guerra como negocio es más vieja que el capital mismo. Y en esta etapa sólo se la podrá dejar atrás disolviendo las relaciones sociales de producción capitalista; así como lo hace el EZLN en sus territorios autónomos. Por eso la autonomía desde las comunidades indígenas es mortalmente subversiva para el capital: le pone un dique a esa expansión. Y para colmo del capital, en territorios codiciados por su riqueza natural. Por eso son tan importantes los puentes que el  EZLN sigue lanzando a la sociedad mexicana y al mundo. En el aislamiento esa resistencia sería tan  vulnerable como amenazados son sus territorios, su mano de obra. La osadía de los gobiernos autónomos se levanta contra todas las dimensiones del poder para el Estado capitalista. Y para el capital una grieta muy costosa, una osadía insoportable.  Una sangría para el poder, y para el dinero (que con los ojos del dinero se ven sus ricas selvas, agua, tierra, bosques, minerales). Pero insisto, nada de nuevo tiene  la guerra como método de expansión del capital y su dominio.

Tercer apunte para la discusión
¿Oposición entre mundos o contradicción entre clases?

Marcos usa indistintamente los términos lucha anticapitalista y lucha antisistémica.  El primero es marxista, el segundo es Wallersteianiano. El primero pone el acento en la contradicción capital trabajo, el segundo en la oposición centro periferia que en este autor se convirtió en el sistema mundo comandado por el capital financiero. Pero en cualquier caso, en el centro periferia o en el sistema mundo, son precisamente los distintos mundos los que se oponen y no las clases. En  esta forma de entender la realidad, se persigue la unificación del mundo mediante la reivindicación de los estados nación; mientras en el primero se persigue la superación de la contradicción entre las clases mediante la disolución de la relación capital-trabajo asalariado. En el sistema mundo los asalariados van de la mano de las burguesías nacionales para reconstruir al Estado nación; en la lucha anticapitalista los trabajadores se alían entre sí, trascienden fronteras para organizarse contra el capital que se ha convertido en omnipresente y que ha construido la fábrica mundial, sea de mercancías tangibles o de intangibles como los servicios. Es esa la posibilidad revolucionaria que abre la nueva etapa del capitalismo, el mal llamado neoliberalismo o la tal globalización.

Además, como dice Marcos el neoliberalismo ha reconfigurado el mundo del trabajo: caída del salario real y derrumbe de las conquistas sociales del Siglo XX,  precarización del empleo, aumento de la migración; y esto vale para todos los países. En distintos grados para los distintos países según sus desarrollos históricos y sus niveles de lucha  de clases,  pero el capital para recuperar su tasa de ganancia está arrasando desde fines de la década de los setenta del siglo XX con el fondo de consumo obrero del mundo. Y esto vale para el primero, para el segundo, para el tercero, y para cuantos mundos queramos clasificar. Una vez que se cae en el juego de la lucha entre mundos, se olvida que en la base está la lucha de clases. Para una lucha anticaptialista como la del EZLN  es vital no olvidarlo.

Cuarto apunte para la discusión
Que más bien es asombro, o de cuando la praxis le gana a la teoría

Pero no son sólo estas conceptualizaciones con lo que estoy en franco desacuerdo con este libro, estoy además en abierto lamento porque no encuentro en estos textos la teorización de lo más preciado que tienen entre las manos las comunidades zapatistas: la autonomía como forma de superación de la relación capitalista en su territorios, que vale por cierto para cualquier territorio. ¿O acaso piensan que la autonomía es ajena a la economía política? Permítanme asegurarles que lo que hacen los zapatistas en sus comunidades es economía política pura, o de manera más precisa es la crítica a la economía política desde la praxis.  No hay que creerles a los tales especialistas que pregonan que por un lado está la economía, por otro la sociedad y por otro la política; ellas constituyen una totalidad, y uno de los aportes de Marx, es precisamente hacer de la crítica de la economía política una crítica transformadora de la economía, de la política, y de la sociedad.

Y digo que la praxis de las comunidades zapatistas desde la reivindicación de la autonomía es potencialmente universal. Sí, también para ese mundo globalizado de la hegemonía del capital financiero. Por una cuestión muy sencilla: porque su organización desde la propiedad comunal ofrece la superación de la contradicción capitalista expresada ahora como la mundialización de las crisis financieras. Y ofrece la solución y la superación, porque desaparece la ganancia; porque en la vida cotidiana las comunidades  zapatistas ilustran con claridad  que el pobre capitalismo que se piensa eterno no es más que un ave de paso en la historia de la humanidad.

Vale para cualquier territorio porque la autonomía es una forma de organización que pega en el corazón del capital (que es la ganancia) y en el corazón del estado capitalista (que es el poder). Autonomía para organizar sus procesos de producción en torno a la propiedad comunal, autonomía para organizar a la sociedad y construir su Estado desde la libertad que esta autonomía otorga. La mejor ilustración del tesoro anticapitalista que tienen entre las manos son las juntas de buen gobierno son sus territorios liberados del yugo del capital, es la aplicación de su Ley Agraria Revolucionaria, y es el asidero a su cultura.

Pienso que no necesitan voltear a la aburrida academia, ni adoptar las grandes, medianas o pequeñas teorías para explicar y transformar su realidad que es la realidad del mundo entero: cómo superar las relaciones sociales capitalistas de producción, en la praxis  y ahora; no desde la teoría y para algún futuro lejano.  Es eso lo que están haciendo. No son agredidos por leer a Marx, a Wallerstein o a cualquier otro. No son perseguidos por ponerse al tú por tú con la  aburrida academia. ¡Por supuesto que no! Lo son porque, ya de inicio le han quitado un gran pedazo al territorio del capital; lo son porque osaron rebelarse contra la generalización mundial de las relaciones de explotación; lo son porque se autoorganizaron, porque resistieron, porque siguen resistiendo.

Más bien harían a la humanidad del enorme bien que ya han hecho, si ahora teorizaran a partir de su realidad. De cómo gracias a su tradición comunitaria han resistido los embates del capital; de cómo la autonomía de su organización en torno a la propiedad comunal les ha permitido pasar del reino de la necesidad extrema al reino de la modesta abundancia en términos de alimentación, salud, vivienda, educación; de cómo de la violencia caciquil han pasado a la convivencia pacífica, y además sin crimen organizado en sus territorios; de cómo de la exclusión machista han pasado a la inclusión de géneros; de cómo de la destrucción de la naturaleza han pasado a su conservación y reproducción.

Las comunidades zapatistas  están construyendo un nuevo mundo, ya hicieron parir los conceptos de ese nuevo mundo desde que transformaron su realidad; tienen los nuevos conceptos entre sus manos, en sus cabezas, en su hacer cotidiano. Basta que nombren las nuevas cosas del nuevo mundo que están creando para construir la teoría de la autonomía, de la dignidad, de la justicia, de la libertad. No se preocupen por andar reconstruyendo viejos estados nación, ni viejos mercados nacionales, ni viejas soberanías. Las comunidades zapatistas son la semilla del nuevo Estado, del nuevo mercado nacional y mundial, del nuevo mundo del trabajo, que es nuevo porque no es asalariado. Están construyendo, en la praxis, la economía política de un mundo nuevo y mejor. Son los trabajos de Hércules contra la Hidra Capitalista.

* Texto leído durante la presentación del libro Escritos sobre la guerra y la economía política, del Subcomandante Insurgente Marcos, el 20 de mayo de 2017, en el local de ¡UníoS! en la Ciudad de México.